Nos escribe Ana:
"Lo primero es decirles que me sentí muy identificada con el artículo sobre tener una novia alta*, y me divirtió ver que muchas de las cosas que vivimos con mi marido de novios también las experimentaron otros.
Sin embargo, las cosas no han sido para mi tan fáciles. No sé por qué, supongo que es un problema mío.
Desde que leí el artículo quise escribirles pero no lograba juntar el valor. Me cuesta hablar de estas cosas.
Tengo 26 años y mido 1.83, son 11 más que mi marido. Cuando lo conocí yo salía de una relación que me había lastimado mucho. Todos mis novios fueron muy altos, cerca de 1,90 o más.
Me da pudor hablar de esto. La verdad es que la primera vez que tuvimos sexo con mi marido me impresionó porque la diferencia de tamaño era enorme. Trataré de ser clara aunque me cueste: venía acostumbrada a 18 y anteriormente 20, y de pronto descendí a 12.
Yo sé que el tamaño no tiene importancia, y que lo importante es cómo lo haces, y por eso me casé, pero no se me hace tan simple. Reconozco que se esmera muchísimo y en los primeros tiempos tenía mis orgasmos pero a poco comencé a extrañar la necesidad de sentirme penetrada a pleno como antes. El hecho es que mi marido no me satisface. Es como si todas las caricias, el sexo oral y demás ya no fueran suficientes. No es que sea malo como amante porque es mejor aún que los anteriores, pero hay algo que me falta. Necesito sentirme llena.
Yo lo amo, es muy compañero y me entiende como nadie, jamás lo dejaría y de ninguna manera le pondría cuernos, pero este problema me está pesando.
No sé qué hacer. Es un problema mío, sé que él no tiene culpa pero ya no deseo tener relaciones puesto que termino con más deseos que al principio y él comienza a sospechar de mis excusas.
Sé que no hay mucho que puedan decirme, pero no tengo con quién hablar este tema."
* Ana se refiere a este artículo
Hola Ana.
En verdad no es fácil encontrar una respuesta.
Creemos que lo primero es detectar cuál es la verdadera causa del problema y luego que ambos se unan y lo hablen. Probablemente no sea agradable, pero así como tú estás dispuesta a no dejarlo y serle fiel a cualquier costo, él también debe poner algo de su parte para que no te sea tan difícil, aún a costa de dejar parte de su orgullo de lado.
Evidentemente la diferencia que mencionas es importante y resulta lógico que la percibas, pero lo primero que creemos que debes plantearte es si realmente se trata de un problema de tamaño o en realidad lo que sucede es que vuestras relaciones están cayendo en la monotonía.
Esa podría ser una buena explicación para tu insatisfacción, pues si bien no nos dices cuánto llevas de casada, asumimos por tus palabras que llevan teniendo sexo un cierto tiempo, y al parecer al principio no tenías inconvenientes con la diferencia.
De ser así deberán buscar variantes que les permitan revitalizar el aspecto sexual.
Si no fuera un problema de monotonía y ya todos los movimientos y caricias que rodean al sexo no lograran ocultar la necesidad de un pene de mayor tamaño, quizá una buena alternativa sea hacer una visita a algún buen sex-shop.
Elige algo similar a lo que conocías y pueden usarlo como complemento al tener relaciones. Sabemos que no a todos les resulta fácil incorporar este tipo de objetos a su vida diaria, pero créenos que puede ser de enorme ayuda. Deberán sin dudas pasar por un período de aprendizaje, pero puede llegar a ser una solución bastante buena.
Busca una forma más o menos diplomática de decírselo, pues para los hombres esto del tamaño nos resulta un tema algo urticante, aunque si le demuestras el mismo amor que evidencias en tu mensaje no dudamos que lo entenderá.
Esperamos que nuestra respuesta te haya sido de utilidad.
Saludos y mucha suerte.
Pedro.
Páginas
Mujeriego, mentiroso...¿Y también gay?
Nos dice María:
"En primer lugar daros la enhorabuena por el blog.
Tengo 42 años y mantuve una relación de 4 años con un chico de 46 años, separado y con dos hijos.
Esta relación nunca fue buena, de hecho yo siempre me enteraba que me ponía los cuernos con mujeres, pero él siempre volvía diciéndome que iba a cambiar y yo siempre le perdonaba. Pero la situación siempre se repetía, de hecho ha sido una persona que se ha portado muy mal conmigo, porque siempre le puse las cosas claras, yo quería una relación estable.
Él me ha visto muy mal, pero él siempre quería volver diciéndome que iba a cambiar. Mi entorno nunca entendió porqué lo perdonaba tantas veces, lo consideraban muy mala persona. Y es verdad, conmigo al menos lo era, pero yo siempre decía que no era un simple cabrón, yo he estado con cabrones y él era distinto, era como si tuviera un puzzle que no encajaba.
Independientemente de su comportamiento, yo sentía que él tenía un enganche emocional importante conmigo, yo realmente sentía que él me quería dejar pero no podía estar sin mí, pero estando conmigo tampoco era feliz. Era algo muy extraño. Llegué a pensar que tenía un trastorno de personalidad.
La última vez que volvimos, me enteré que tenía un piso paralelo, donde quedaba con mujeres (me llamó una de las chicas para decirlo). Las mujeres con las que me ponía los cuernos, no eran mujeres atractivas e incluso con una cierta ignorancia (y con esto no quiero ofender a nadie), yo no entendía nada, yo soy una persona normal, pero no tenía nada que ver. Esto hizo que minara mi autoestima como mujer, llegué a pensar que follaba mal y ellas bien, comentar que yo sentía que el evitaba tener relaciones sexuales sobre todo en los últimos 6 meses.
Comentar que él es mentiroso: me juraba por su madre, recientemente fallecida que todo lo de los cuernos era mentira. Esta situación de cuernos se repitió en muchas ocasiones. La última vez, yo me puse muy mal, realmente me estaba volviendo loca, le supliqué que no me engañara y que me dejara en paz, y ahí estaba otra vez haciéndolo.
Finalmente me terminó confesando que era gay que todo era una tapadera, que estuviera liado con un chico con el que venía a mi casa, el cual se casó el verano pasado. Yo siempre pensé que era un buen amigo.
Me sentí muy defraudada por ambos, pero a la vez aliviada: al fin entendía todo. Nuestra relación terminó mal, pero él sigue llamando, es como si lo que contara nunca existiese, es como si esa semana sintiese ser gay porque estaba bien con ese chico, y a la semana siguiente se sintiese hetero, y realmente me necesitara a mí.
Mi consulta, no es que yo lo quiera recuperar, yo necesito encajar las piezas, para seguir adelante, incluso para cerrar la relación, porque siento que él siempre me va a seguir buscando, es difícil de explicar, decir que lo quiero mucho, pero su actitud no la entiendo.
¿Qué es, hoy quiero una cosa, mañana otra, si realmente es homosexual, no lo asume, pero entiendo que tiene también un enganche emocional con una persona hetero, no sé, necesito ayuda."
Hola María. Interesante historia la que nos cuentas.
Vamos a comenzar por el final: es tan evidente como preocupante el hecho de que sigas enganchada en esta relación que no sólo te destruye, sino que te está impidiendo continuar tu vida.
Independientemente de la explicación que pueda tener su conducta, creemos que lo mejor que puedes hacer es cerrar el capítulo. Él puede necesitarte, pero lamentablemente desde el plano sentimental tu situación es muy precaria, y no te encuentras en condiciones de ayudarlo sin hacerte daño. Como se suele decir, la caridad bien entendida comienza por casa: primero debes ayudarte tú misma.
Este chico parece ser el tipo de persona insegura incapaz de mantenerse fiel a una relación pues necesita constantemente probarse a sí mismo que otras personas lo pueden aceptar afectivamente.
Desde el mismo momento en que tú lo perdonas siente que ya te tiene, por lo tanto su inseguridad lo lleva a probar con otra y eso hace que te pierda, entonces pasas tú a ser el objeto codiciado hasta que nuevamente lo perdonas, y así una y otra vez.
Él puede asegurarte que no lo volverá a hacer, y hasta puede ser sincero y realmente pensarlo, pero en realidad es incapaz de cumplir su promesa.
Este tipo de tara emocional se da en muchas personas, pero lo que hace a tu caso verdaderamente curioso es el hecho de que además sea bisexual. No nos animamos a catalogarlo como gay ya que te engañó con numerosas mujeres, a menos que estuviera intentando averiguar su propia orientación sexual, lo cual tampoco es imposible.
La sensación que tenemos es que él tiene graves problemas emocionales e indudablemente necesita ayuda, pero no eres tú quien puede brindársela, ya que no hay nada que puedas hacer por él que no te lleve a involucrarte aún más en esa relación que terminará por destruirte.
Seguramente continuará buscándote, independientemente de su estado civil y el sexo de su pareja, pero deberás ser realmente fuerte y sobreponerte a tus sentimientos para escapar de la maraña que tiene en su cabeza y que amenaza también con enredarte a ti.
Saludos y gracias por confiar en nosotros.
Pampi y Pedro
"En primer lugar daros la enhorabuena por el blog.
Tengo 42 años y mantuve una relación de 4 años con un chico de 46 años, separado y con dos hijos.
Esta relación nunca fue buena, de hecho yo siempre me enteraba que me ponía los cuernos con mujeres, pero él siempre volvía diciéndome que iba a cambiar y yo siempre le perdonaba. Pero la situación siempre se repetía, de hecho ha sido una persona que se ha portado muy mal conmigo, porque siempre le puse las cosas claras, yo quería una relación estable.
Él me ha visto muy mal, pero él siempre quería volver diciéndome que iba a cambiar. Mi entorno nunca entendió porqué lo perdonaba tantas veces, lo consideraban muy mala persona. Y es verdad, conmigo al menos lo era, pero yo siempre decía que no era un simple cabrón, yo he estado con cabrones y él era distinto, era como si tuviera un puzzle que no encajaba.
Independientemente de su comportamiento, yo sentía que él tenía un enganche emocional importante conmigo, yo realmente sentía que él me quería dejar pero no podía estar sin mí, pero estando conmigo tampoco era feliz. Era algo muy extraño. Llegué a pensar que tenía un trastorno de personalidad.
La última vez que volvimos, me enteré que tenía un piso paralelo, donde quedaba con mujeres (me llamó una de las chicas para decirlo). Las mujeres con las que me ponía los cuernos, no eran mujeres atractivas e incluso con una cierta ignorancia (y con esto no quiero ofender a nadie), yo no entendía nada, yo soy una persona normal, pero no tenía nada que ver. Esto hizo que minara mi autoestima como mujer, llegué a pensar que follaba mal y ellas bien, comentar que yo sentía que el evitaba tener relaciones sexuales sobre todo en los últimos 6 meses.
Comentar que él es mentiroso: me juraba por su madre, recientemente fallecida que todo lo de los cuernos era mentira. Esta situación de cuernos se repitió en muchas ocasiones. La última vez, yo me puse muy mal, realmente me estaba volviendo loca, le supliqué que no me engañara y que me dejara en paz, y ahí estaba otra vez haciéndolo.
Finalmente me terminó confesando que era gay que todo era una tapadera, que estuviera liado con un chico con el que venía a mi casa, el cual se casó el verano pasado. Yo siempre pensé que era un buen amigo.
Me sentí muy defraudada por ambos, pero a la vez aliviada: al fin entendía todo. Nuestra relación terminó mal, pero él sigue llamando, es como si lo que contara nunca existiese, es como si esa semana sintiese ser gay porque estaba bien con ese chico, y a la semana siguiente se sintiese hetero, y realmente me necesitara a mí.
Mi consulta, no es que yo lo quiera recuperar, yo necesito encajar las piezas, para seguir adelante, incluso para cerrar la relación, porque siento que él siempre me va a seguir buscando, es difícil de explicar, decir que lo quiero mucho, pero su actitud no la entiendo.
¿Qué es, hoy quiero una cosa, mañana otra, si realmente es homosexual, no lo asume, pero entiendo que tiene también un enganche emocional con una persona hetero, no sé, necesito ayuda."
Hola María. Interesante historia la que nos cuentas.
Vamos a comenzar por el final: es tan evidente como preocupante el hecho de que sigas enganchada en esta relación que no sólo te destruye, sino que te está impidiendo continuar tu vida.
Independientemente de la explicación que pueda tener su conducta, creemos que lo mejor que puedes hacer es cerrar el capítulo. Él puede necesitarte, pero lamentablemente desde el plano sentimental tu situación es muy precaria, y no te encuentras en condiciones de ayudarlo sin hacerte daño. Como se suele decir, la caridad bien entendida comienza por casa: primero debes ayudarte tú misma.
Este chico parece ser el tipo de persona insegura incapaz de mantenerse fiel a una relación pues necesita constantemente probarse a sí mismo que otras personas lo pueden aceptar afectivamente.
Desde el mismo momento en que tú lo perdonas siente que ya te tiene, por lo tanto su inseguridad lo lleva a probar con otra y eso hace que te pierda, entonces pasas tú a ser el objeto codiciado hasta que nuevamente lo perdonas, y así una y otra vez.
Él puede asegurarte que no lo volverá a hacer, y hasta puede ser sincero y realmente pensarlo, pero en realidad es incapaz de cumplir su promesa.
Este tipo de tara emocional se da en muchas personas, pero lo que hace a tu caso verdaderamente curioso es el hecho de que además sea bisexual. No nos animamos a catalogarlo como gay ya que te engañó con numerosas mujeres, a menos que estuviera intentando averiguar su propia orientación sexual, lo cual tampoco es imposible.
La sensación que tenemos es que él tiene graves problemas emocionales e indudablemente necesita ayuda, pero no eres tú quien puede brindársela, ya que no hay nada que puedas hacer por él que no te lleve a involucrarte aún más en esa relación que terminará por destruirte.
Seguramente continuará buscándote, independientemente de su estado civil y el sexo de su pareja, pero deberás ser realmente fuerte y sobreponerte a tus sentimientos para escapar de la maraña que tiene en su cabeza y que amenaza también con enredarte a ti.
Saludos y gracias por confiar en nosotros.
Pampi y Pedro
Etiquetas:
homosexualidad,
infidelidad,
pareja
La encantadora experiencia de tener una novia alta. 2ª parte
El amor todo lo puede.
Ya han pasado tres meses desde aquellos primeros pasos.
De un modo torpe al principio y con algo más de estilo luego, paulatinamente nos hemos ido adaptando a esta relación que comenzó como una broma del destino pero que muy pronto cobró una seriedad que ya comienza a preocuparnos.
Y finalmente el día de la boda llegó… y aquel nudo en el estómago que sentimos cuando comenzamos a imaginar la velada algunas semanas atrás, ahora ha reaparecido con mayor intensidad.
Las perspectivas no son prometedoras: sabemos que ella se pondrá sus tacones, con lo cual la ya de por sí indisimulable diferencia de altura pasará a tornarse más absurda, de ser ello posible. Eso, sumado a la presencia del ex de nuestra novia, completa un combo que promete ser cuando menos inolvidable.
Decidimos pensar en otra cosa y dejar que los acontecimientos se vayan sucediendo. Sabia decisión, considerando que no tenemos otra opción posible.
Luego de un buen rato dedicado a hacer y rehacer el nudo de esa corbata que hace años no usamos, nos miramos al espejo y a decir verdad, no nos vemos nada mal…
Es una buena inyección de optimismo. Seguramente podremos afrontar dignamente el trance.
De este modo, con la moral aceptablemente elevada, nos dirigimos a recoger a nuestra novia en lo que será además la primera visita a su casa y consecuentemente nuestra primera exposición ante su familia.
Pero eso no constituye un problema.
No es nuestro primer noviazgo más o menos formal y ya tenemos una cierta experiencia en esto de presentarse ante los padres, por lo que si bien aún hay un mínimo remanente del nerviosismo que sentíamos de adolescentes, la situación se encuentra bajo control.
Así, confiados, seguros de nosotros mismos llegamos, tocamos timbre, la puerta se abre, sonreímos y…
¡Dios mío!, ¿De qué se alimenta esta gente?
El hermanito menor nos lleva dos cabezas, el padre intimida y hasta la madre nos supera.
Nosotros, que nunca habíamos tenido ningún complejo con nuestra altura comenzamos a pensar seriamente en la posibilidad de reconsiderar el tema.
Afortunadamente, el perro sí tiene un tamaño normal…
Tras hacer los consabidos comentarios sobre el tiempo, las posibilidades de lluvia y otras nimiedades por el estilo, por fin hace su aparición quien se ha adueñado de nuestro corazón.
Y se nos cae la estantería…
Sí... se puso los tacones...
La diferencia es enorme: nuestros ojos quedan al nivel de su cuello…
Hay que reconocer que está verdaderamente hermosa… pero ya no sabemos si eso es una ventaja, porque no hace sino minimizarnos aún más…
Y si nos volvemos a casa? Total, fingiendo alguna descompostura… ¿Pasarán alguna buena película?
Pero aunque intentemos buscar alguna salida, sabemos que ya es demasiado tarde. Intentamos recomponernos una vez más (ya nos estamos haciendo expertos en eso), saludamos a la familia, (ni nos preocupa lo que ellos piensan, seguramente no es peor que lo que viene) y emprendemos el viaje rumbo a la Iglesia.
Mentalmente hacemos un rápido análisis de la situación: estamos jugados, ya no hay modo de evitar el desastre y en nosotros está el minimizar las diferencias de estatura a fuerza de personalidad…
Nosotros podemos, y lo vamos a demostrar.
Sí… Más vale que podamos, porque otra no nos queda.
Es así como llegamos, y tras un breve estudio del escenario respiramos hondo, levantamos la cabeza y avanzamos soportando orgullosamente las miradas de buena parte, perdón, de todos aquellos que nos rodean aunque a esta altura eso no nos conmueve, ya lo tenemos absolutamente superado. Es más, si no nos miraran casi les diría que nos resultaría aburrido.
Con este saludable estado de ánimo pasamos la ceremonia y tras un breve saludo a los novios nos dirigimos al salón donde se hará la fiesta.
Estamos agrandadísimos.
Exceptuando algún instante de flaqueza, venimos bastante bien.
Hemos logrado no pensar en el tema, lo cual nos permitió tranquilizarnos, y hasta nos hemos acostumbrado a mirar aún más arriba de lo que lo solíamos hacer. Todo comienza a estar nuevamente bajo control, pero…
Y, sí…
¿Qué otra cosa se podía esperar?
Levantando un poco la vista alcanzamos a divisar el nudo de su corbata.
Lo que hay arriba, mucho más arriba, nos explican que es Ricardo, el ex.
¡Glup…!
Nunca se necesitó tanto para hacernos sentir tan poco.
Decir que es otro golpe a nuestro ego es faltar a la verdad, porque no se puede golpear lo que ya no existe. Este Ricardo es una torre que si no llega a los 2 metros le anda muy cerca.
El diálogo que sigue se desarrolla allá arriba entre nuestra novia y su ex, mientras nos sentimos absolutamente ajenos y ni siquiera atinamos a decir palabra, simplemente miramos hacia arriba fingiendo que nuestra dignidad aún existe, esperando que la conmiseración Divina abra la tierra y nos permita desaparecer de una buena vez.
Si bien estas conversaciones meramente protocolares suelen ser breves, a nosotros se nos hace insoportablemente prolongada, pero finalmente Ricardo nos saluda y se aleja, permitiéndonos volver a la normalidad…
Si es que podemos darle ese nombre.
Ahora sí, sentados a la mesa podemos decir que lo peor ya pasó. Intentemos relajarnos, disfrutar de la comida y de la fiesta. Sólo queda charlar, beber y bailar...
¿Bailar dijimos?
Bueno, de última tomaremos un poco de distancia, y no será peor que cuando nos miran por la calle. Podemos con eso.
Una vez concluido el vals de los novios, el cual eludimos hábilmente, ponemos nuestro plan en práctica: al medio de la multitud y con una buena distancia entre ambos. Si bien ella intenta acercarse, nosotros retrocedemos y así comienza una curiosa persecución que nos lleva a recorrer la pista a lo largo y a lo ancho, pero igualmente la pasamos bien por un buen rato.
Tanto, que luego del correspondiente descanso nos atrevemos a una segunda parte, aunque…
Me quieren decir a quién se le ocurrió poner lentos?
Está bien, paciencia, también los mayores tienen derecho a disfrutar su música.
La tomamos de la mano para dirigirnos a nuestra mesa pero sentimos un tironeo... no se le ocurrirá...?
¡Noo, un lento nooo!
Afortunadamente, Dios ha creado el alcohol para estas circunstancias, y a esta altura de la noche es una muy buena cantidad la que ya hemos ingerido, lo cual nos genera una osadía que estando medianamente sobrios ni imaginaríamos.
Es así como de pronto nos encontramos en el centro del salón, a la vista de todos, bien apretados, ponemos la cabeza sobre el hombro de nuestra amada y… ¡al demonio con todo! Vamos a disfrutar el momento y que cada uno piense lo que le plazca, no es problema nuestro.
Y bailamos, nos acariciamos… y nos besamos…
El mundo exterior ya no importa…
Ahora sí podemos comenzar a decir que el problema de la altura ha quedado casi superado, salvo por una pequeña duda que desde el comienzo se está moviendo por los rincones más inexplorados de nuestro cerebro y que hemos sabido posponerla una y otra vez, hasta hoy, pues la relación ha madurado y debemos pasar a otro nivel: es hora de tener sexo.
Lo hemos leído en infinidad de lugares: no tiene por qué haber inconvenientes, sabemos bien que es así y lo tenemos más que incorporado.
Sin embargo siempre queda esa sospecha... ¿Se notará la diferencia?
No es que no tengamos confianza en nuestras habilidades amatorias, pero... ¿Podremos estar en condiciones de compararnos con esa torre que llaman Ricardo?
¿Será cierto eso de que la altura no tiene nada que ver?
Y bueno…, bien dicen que más vale pequeña y juguetona... Nunca lo hemos creído realmente, pero hoy es nuestra única esperanza.
Deberemos utilizar todo, todo, todísimo nuestro repertorio.
¿Cómo dicen?
¿Que no existe el vocablo todísimo? Pues habrá que inventarlo, porque lo necesitaremos ahora.
Y al comienzo nos esmeramos, apelamos a toda nuestra experiencia, aplicamos todo lo que aprendimos y muy a pesar nuestro no hacemos más que revelar la torpeza típica de quien piensa cada uno de sus movimientos.
Pero aunque somos conscientes de ello lentamente nos vamos relajando, olvidamos las exigencias que nos autoimpusimos y dejamos que el momento nos lleve…
Y disfrutamos, nos unimos, y de veras nos amamos…
Todo sale bien, maravillosamente bien.
El sexo es fantástico, independientemente de tamaños y estaturas, porque nuestro amor, a esta altura, ya es capaz de obrar milagros.
Ahora sí, derribamos la última barrera.
Y así, derribando barreras y tabúes el tiempo fue pasando, y Alicia y Matu, quienes son en realidad los verdaderos protagonistas de esta historia, hoy se encuentran felizmente casados.
No sólo eso, sino que tienen tan superado esto de la estatura que lo ven con el humor suficiente como para habernos permitido elaborar este resumen de sus primeros días juntos.
Y las vueltas de la vida llevan a quien formaba parte de aquel grupo inicial que no daba dos centavos por la relación, a estar hoy escribiendo esta reseña que quizá termine siendo la herramienta que le permita al destino jugar una vez más su broma, esta vez a alguno de nuestros lectores.
¿Quién puede saberlo?
Gracias de todo corazón Alicia y Matu. Y Feliz Aniversario.
Como consecuencia de este artículo hemos recibido una consulta que publicamos bajo el título de "El tamaño no importa: Cuando la realidad desmiente la teoría". ¿Adivinas de qué trata?
Publicado por Pedro
Ya han pasado tres meses desde aquellos primeros pasos.
De un modo torpe al principio y con algo más de estilo luego, paulatinamente nos hemos ido adaptando a esta relación que comenzó como una broma del destino pero que muy pronto cobró una seriedad que ya comienza a preocuparnos.
Y finalmente el día de la boda llegó… y aquel nudo en el estómago que sentimos cuando comenzamos a imaginar la velada algunas semanas atrás, ahora ha reaparecido con mayor intensidad.
Las perspectivas no son prometedoras: sabemos que ella se pondrá sus tacones, con lo cual la ya de por sí indisimulable diferencia de altura pasará a tornarse más absurda, de ser ello posible. Eso, sumado a la presencia del ex de nuestra novia, completa un combo que promete ser cuando menos inolvidable.
Decidimos pensar en otra cosa y dejar que los acontecimientos se vayan sucediendo. Sabia decisión, considerando que no tenemos otra opción posible.
Luego de un buen rato dedicado a hacer y rehacer el nudo de esa corbata que hace años no usamos, nos miramos al espejo y a decir verdad, no nos vemos nada mal…
Es una buena inyección de optimismo. Seguramente podremos afrontar dignamente el trance.
De este modo, con la moral aceptablemente elevada, nos dirigimos a recoger a nuestra novia en lo que será además la primera visita a su casa y consecuentemente nuestra primera exposición ante su familia.
Pero eso no constituye un problema.
No es nuestro primer noviazgo más o menos formal y ya tenemos una cierta experiencia en esto de presentarse ante los padres, por lo que si bien aún hay un mínimo remanente del nerviosismo que sentíamos de adolescentes, la situación se encuentra bajo control.
Así, confiados, seguros de nosotros mismos llegamos, tocamos timbre, la puerta se abre, sonreímos y…
¡Dios mío!, ¿De qué se alimenta esta gente?
El hermanito menor nos lleva dos cabezas, el padre intimida y hasta la madre nos supera.
Nosotros, que nunca habíamos tenido ningún complejo con nuestra altura comenzamos a pensar seriamente en la posibilidad de reconsiderar el tema.
Afortunadamente, el perro sí tiene un tamaño normal…
Tras hacer los consabidos comentarios sobre el tiempo, las posibilidades de lluvia y otras nimiedades por el estilo, por fin hace su aparición quien se ha adueñado de nuestro corazón.
Y se nos cae la estantería…
Sí... se puso los tacones...
La diferencia es enorme: nuestros ojos quedan al nivel de su cuello…
Hay que reconocer que está verdaderamente hermosa… pero ya no sabemos si eso es una ventaja, porque no hace sino minimizarnos aún más…
Y si nos volvemos a casa? Total, fingiendo alguna descompostura… ¿Pasarán alguna buena película?
Pero aunque intentemos buscar alguna salida, sabemos que ya es demasiado tarde. Intentamos recomponernos una vez más (ya nos estamos haciendo expertos en eso), saludamos a la familia, (ni nos preocupa lo que ellos piensan, seguramente no es peor que lo que viene) y emprendemos el viaje rumbo a la Iglesia.
Mentalmente hacemos un rápido análisis de la situación: estamos jugados, ya no hay modo de evitar el desastre y en nosotros está el minimizar las diferencias de estatura a fuerza de personalidad…
Nosotros podemos, y lo vamos a demostrar.
Sí… Más vale que podamos, porque otra no nos queda.
Es así como llegamos, y tras un breve estudio del escenario respiramos hondo, levantamos la cabeza y avanzamos soportando orgullosamente las miradas de buena parte, perdón, de todos aquellos que nos rodean aunque a esta altura eso no nos conmueve, ya lo tenemos absolutamente superado. Es más, si no nos miraran casi les diría que nos resultaría aburrido.
Con este saludable estado de ánimo pasamos la ceremonia y tras un breve saludo a los novios nos dirigimos al salón donde se hará la fiesta.
Estamos agrandadísimos.
Exceptuando algún instante de flaqueza, venimos bastante bien.
Hemos logrado no pensar en el tema, lo cual nos permitió tranquilizarnos, y hasta nos hemos acostumbrado a mirar aún más arriba de lo que lo solíamos hacer. Todo comienza a estar nuevamente bajo control, pero…
Y, sí…
¿Qué otra cosa se podía esperar?
Levantando un poco la vista alcanzamos a divisar el nudo de su corbata.
Lo que hay arriba, mucho más arriba, nos explican que es Ricardo, el ex.
¡Glup…!
Nunca se necesitó tanto para hacernos sentir tan poco.
Decir que es otro golpe a nuestro ego es faltar a la verdad, porque no se puede golpear lo que ya no existe. Este Ricardo es una torre que si no llega a los 2 metros le anda muy cerca.
El diálogo que sigue se desarrolla allá arriba entre nuestra novia y su ex, mientras nos sentimos absolutamente ajenos y ni siquiera atinamos a decir palabra, simplemente miramos hacia arriba fingiendo que nuestra dignidad aún existe, esperando que la conmiseración Divina abra la tierra y nos permita desaparecer de una buena vez.
Si bien estas conversaciones meramente protocolares suelen ser breves, a nosotros se nos hace insoportablemente prolongada, pero finalmente Ricardo nos saluda y se aleja, permitiéndonos volver a la normalidad…
Si es que podemos darle ese nombre.
Ahora sí, sentados a la mesa podemos decir que lo peor ya pasó. Intentemos relajarnos, disfrutar de la comida y de la fiesta. Sólo queda charlar, beber y bailar...
¿Bailar dijimos?
Bueno, de última tomaremos un poco de distancia, y no será peor que cuando nos miran por la calle. Podemos con eso.
Una vez concluido el vals de los novios, el cual eludimos hábilmente, ponemos nuestro plan en práctica: al medio de la multitud y con una buena distancia entre ambos. Si bien ella intenta acercarse, nosotros retrocedemos y así comienza una curiosa persecución que nos lleva a recorrer la pista a lo largo y a lo ancho, pero igualmente la pasamos bien por un buen rato.
Tanto, que luego del correspondiente descanso nos atrevemos a una segunda parte, aunque…
Me quieren decir a quién se le ocurrió poner lentos?
Está bien, paciencia, también los mayores tienen derecho a disfrutar su música.
La tomamos de la mano para dirigirnos a nuestra mesa pero sentimos un tironeo... no se le ocurrirá...?
¡Noo, un lento nooo!
Afortunadamente, Dios ha creado el alcohol para estas circunstancias, y a esta altura de la noche es una muy buena cantidad la que ya hemos ingerido, lo cual nos genera una osadía que estando medianamente sobrios ni imaginaríamos.
Es así como de pronto nos encontramos en el centro del salón, a la vista de todos, bien apretados, ponemos la cabeza sobre el hombro de nuestra amada y… ¡al demonio con todo! Vamos a disfrutar el momento y que cada uno piense lo que le plazca, no es problema nuestro.
Y bailamos, nos acariciamos… y nos besamos…
El mundo exterior ya no importa…
Ahora sí podemos comenzar a decir que el problema de la altura ha quedado casi superado, salvo por una pequeña duda que desde el comienzo se está moviendo por los rincones más inexplorados de nuestro cerebro y que hemos sabido posponerla una y otra vez, hasta hoy, pues la relación ha madurado y debemos pasar a otro nivel: es hora de tener sexo.
Lo hemos leído en infinidad de lugares: no tiene por qué haber inconvenientes, sabemos bien que es así y lo tenemos más que incorporado.
Sin embargo siempre queda esa sospecha... ¿Se notará la diferencia?
No es que no tengamos confianza en nuestras habilidades amatorias, pero... ¿Podremos estar en condiciones de compararnos con esa torre que llaman Ricardo?
¿Será cierto eso de que la altura no tiene nada que ver?
Y bueno…, bien dicen que más vale pequeña y juguetona... Nunca lo hemos creído realmente, pero hoy es nuestra única esperanza.
Deberemos utilizar todo, todo, todísimo nuestro repertorio.
¿Cómo dicen?
¿Que no existe el vocablo todísimo? Pues habrá que inventarlo, porque lo necesitaremos ahora.
Y al comienzo nos esmeramos, apelamos a toda nuestra experiencia, aplicamos todo lo que aprendimos y muy a pesar nuestro no hacemos más que revelar la torpeza típica de quien piensa cada uno de sus movimientos.
Pero aunque somos conscientes de ello lentamente nos vamos relajando, olvidamos las exigencias que nos autoimpusimos y dejamos que el momento nos lleve…
Y disfrutamos, nos unimos, y de veras nos amamos…
Todo sale bien, maravillosamente bien.
El sexo es fantástico, independientemente de tamaños y estaturas, porque nuestro amor, a esta altura, ya es capaz de obrar milagros.
Ahora sí, derribamos la última barrera.
Y así, derribando barreras y tabúes el tiempo fue pasando, y Alicia y Matu, quienes son en realidad los verdaderos protagonistas de esta historia, hoy se encuentran felizmente casados.
No sólo eso, sino que tienen tan superado esto de la estatura que lo ven con el humor suficiente como para habernos permitido elaborar este resumen de sus primeros días juntos.
Y las vueltas de la vida llevan a quien formaba parte de aquel grupo inicial que no daba dos centavos por la relación, a estar hoy escribiendo esta reseña que quizá termine siendo la herramienta que le permita al destino jugar una vez más su broma, esta vez a alguno de nuestros lectores.
¿Quién puede saberlo?
Gracias de todo corazón Alicia y Matu. Y Feliz Aniversario.
Como consecuencia de este artículo hemos recibido una consulta que publicamos bajo el título de "El tamaño no importa: Cuando la realidad desmiente la teoría". ¿Adivinas de qué trata?
Publicado por Pedro
Etiquetas:
chicas altas,
noviazgo
“La belleza no es lo más importante, pero…” 2ª parte: Un comentario que nos deja pensando.
La autoría del artículo que leerán a continuación no es nuestra, sino que es en realidad un comentario a nuestra nota "La belleza no es importante, pero qué bien lo disimulamos" enviado por Mced, uno de los lectores que habitualmente enriquecen nuestro sitio.
Sabemos que muchas veces los comentarios pasan desapercibidos, lo cual es una verdadera pena porque los hay excelentes, por lo que la enorme calidad de éste nos ha llevado a decidir su publicación como una segunda parte de la nota mencionada, pues resulta una muy interesante visión del problema.
Este es el comentario de Mced:
"Esta dicotomía de criterio, a la que haces referencia en las últimas líneas del artículo, no es más que el eterno combate entre el instinto y la razón que se viene dando desde que el "homo" comenzó a ser "sapiens sapiens".
Usando una lógica fría y hasta cierto punto computacional, no hay motivo para el ensalce de la belleza física. De cara a una relación, la tan traída "belleza interior" es sin lugar a dudas más relevante y, en cualquier caso, la física tiene fecha de caducidad más o menos marcada.
Pero, ay, que nuestro pasado animal no está tan lejos y, para bien o para mal (me temo que esto último), seguimos muy dominados por nuestros instintos. Si echamos un vistazo a la naturaleza y a las relaciones entre machos y hembras, el aspecto físico no sólo no es un detalle trivial, sino que resulta fundamental en especies tan alejadas como los peces luchadores, los pavos reales o los leones africanos.
Volviendo al ser humano, de esto ya se ha hablado en muchas ocasiones: nuestro instinto animal nos lleva a buscar determinados valores en la pareja, muy relacionados con la perpetuación de la especie. El macho busca la fertilidad y la máxima difusión de su carga genética. La hembra busca la seguridad suya y la de su progenie. Estos objetivos, aplicados a nuestra especie, implican un determinado aspecto físico, que es el que acaba modelando el ideal de belleza de cada cultura: pechos y caderas prominentes y juventud en ellas; madurez y musculatura desarrollada en ellos.
A esto, naturalmente, se opone el raciocinio y el factor cultural, de forma más conflictiva en la mujer puesto que la cultura sexual masculina siempre se ha mostrado más cercana a esos instintos básicos. Hay otros factores influyentes como los "mapas de amor" definidos por John Money, pero esto daría para otro tema distinto.
¿Con que nos encontramos a la postre? Con una corriente cultural dominante que rechaza el culto a la belleza; con un raciocinio que, dependiendo de cada caso, se alineará con un equipo u otro (a conveniencia: los menos favorecidos tenderán a denostar la adoración del físico); mientras que el instinto primitivo irá a lo suyo, como siempre, babeando ante los Pitt/Jolie de turno y asqueado ante cualquier manifestación de celulitis o barriga cervecera.”
Interesantísimo lo que dices Mced.
Y es increíble cómo ese instinto aflora en todo momento, independientemente de la situación en que nos encontremos.
Ahora me surge otra pregunta, para la cual sin dudas debe haber una explicación:
Porqué periódicamente el modelo de belleza femenina pasa de las curvas y voluptuosidad que tú mencionas al otro extremo, esto es, la exaltación de la asexualidad?
En los años 20, el ideal de belleza femenina era la ausencia de curvas. Hasta se ponían fajas para aplanar el busto!
Esto se repite más tarde en los ’70 y dura al menos hasta bien entrados los ‘90, cuando el ideal de belleza pasa a estar encarnado por mujeres delgadas y sumamente altas, surgiendo así el concepto de top-model que generó verdaderas fortunas.
Todo esto, no va en dirección contraria a ese instinto?
Bien, como ven este artículo ha sido completamente distinto al resto. Quien tenga alguna respuesta queda invitado a continuar el diálogo.
Gracias Mced por tu invalorable aporte, chapeau para ti.
Publicado por Pedro
Sabemos que muchas veces los comentarios pasan desapercibidos, lo cual es una verdadera pena porque los hay excelentes, por lo que la enorme calidad de éste nos ha llevado a decidir su publicación como una segunda parte de la nota mencionada, pues resulta una muy interesante visión del problema.
Este es el comentario de Mced:
"Esta dicotomía de criterio, a la que haces referencia en las últimas líneas del artículo, no es más que el eterno combate entre el instinto y la razón que se viene dando desde que el "homo" comenzó a ser "sapiens sapiens".
Usando una lógica fría y hasta cierto punto computacional, no hay motivo para el ensalce de la belleza física. De cara a una relación, la tan traída "belleza interior" es sin lugar a dudas más relevante y, en cualquier caso, la física tiene fecha de caducidad más o menos marcada.
Pero, ay, que nuestro pasado animal no está tan lejos y, para bien o para mal (me temo que esto último), seguimos muy dominados por nuestros instintos. Si echamos un vistazo a la naturaleza y a las relaciones entre machos y hembras, el aspecto físico no sólo no es un detalle trivial, sino que resulta fundamental en especies tan alejadas como los peces luchadores, los pavos reales o los leones africanos.
Volviendo al ser humano, de esto ya se ha hablado en muchas ocasiones: nuestro instinto animal nos lleva a buscar determinados valores en la pareja, muy relacionados con la perpetuación de la especie. El macho busca la fertilidad y la máxima difusión de su carga genética. La hembra busca la seguridad suya y la de su progenie. Estos objetivos, aplicados a nuestra especie, implican un determinado aspecto físico, que es el que acaba modelando el ideal de belleza de cada cultura: pechos y caderas prominentes y juventud en ellas; madurez y musculatura desarrollada en ellos.
A esto, naturalmente, se opone el raciocinio y el factor cultural, de forma más conflictiva en la mujer puesto que la cultura sexual masculina siempre se ha mostrado más cercana a esos instintos básicos. Hay otros factores influyentes como los "mapas de amor" definidos por John Money, pero esto daría para otro tema distinto.
¿Con que nos encontramos a la postre? Con una corriente cultural dominante que rechaza el culto a la belleza; con un raciocinio que, dependiendo de cada caso, se alineará con un equipo u otro (a conveniencia: los menos favorecidos tenderán a denostar la adoración del físico); mientras que el instinto primitivo irá a lo suyo, como siempre, babeando ante los Pitt/Jolie de turno y asqueado ante cualquier manifestación de celulitis o barriga cervecera.”
Interesantísimo lo que dices Mced.
Y es increíble cómo ese instinto aflora en todo momento, independientemente de la situación en que nos encontremos.
Ahora me surge otra pregunta, para la cual sin dudas debe haber una explicación:
Porqué periódicamente el modelo de belleza femenina pasa de las curvas y voluptuosidad que tú mencionas al otro extremo, esto es, la exaltación de la asexualidad?
En los años 20, el ideal de belleza femenina era la ausencia de curvas. Hasta se ponían fajas para aplanar el busto!
Esto se repite más tarde en los ’70 y dura al menos hasta bien entrados los ‘90, cuando el ideal de belleza pasa a estar encarnado por mujeres delgadas y sumamente altas, surgiendo así el concepto de top-model que generó verdaderas fortunas.
Todo esto, no va en dirección contraria a ese instinto?
Bien, como ven este artículo ha sido completamente distinto al resto. Quien tenga alguna respuesta queda invitado a continuar el diálogo.
Gracias Mced por tu invalorable aporte, chapeau para ti.
Publicado por Pedro
La encantadora experiencia de tener una novia alta.
Los primeros pasos.
A veces la vida nos juega bromas de las cuales no logramos escapar por más que lo intentemos.
Por ejemplo, cuando nos elige para formar parte de ese minoritario grupo que debe estirarse para lograr el simple objetivo de besar a su propia novia.
En circunstancias normales no se nos ocurriría ni remotamente entablar una relación así: más allá de que ella nos parezca excepcionalmente bonita, sabemos que esos 13 cm son una barrera infranqueable para nosotros, pero a pesar de ello el destino se obstina, enreda nuestras vidas y para cuando nos queremos dar cuenta estamos juntos.
Pero no nos alarmemos, sabemos que la relación no pasará a mayores, no es más que una aventura pasajera…
No hay de qué preocuparse.
Y con este pensamiento aún en mente, pocos días más tarde nos estamos preguntando cómo fue que sin que nos diéramos cuenta la otra persona llegó a convertirse en una parte importante de nuestra vida… y nosotros en la de ella.
Y bueno, podremos ser una pareja diferente a las demás, pero la altura es simplemente un detalle sin importancia, o no?
Por supuesto que sí, pero en el día a día ese “detalle sin importancia” hará que todo resulte más difícil e incómodo.
El solo hecho de besarse es distinto: Te agachas o me estiro?
“-Ups… esto antes no sucedía….”
Es un poquitín humillante, no? Pero bueno, hay que suplir esto con determinación, porque esto no es nada con respecto a lo que viene.
No terminamos de asimilar lo anterior cuando caemos en la cuenta de que el simple hecho de caminar por la calle tampoco volverá a ser lo mismo que era: debemos olvidarnos de pasarle el brazo por encima de los hombros bajo riesgo de acalambrarnos, y limitarnos a la cintura. Nada imposible, convengamos.
Ah, y también acostumbrarnos a que ya no resultaremos indiferentes a las personas que se nos cruzan. Esto ya no es tan fácil de lograr: Si antes de comenzar la relación teníamos algo de timidez, para este momento estamos en pleno proceso de destruirla… o de que ella nos destruya a nosotros.
En esa primera salida, los primeros diez minutos resultan terribles: sólo deseamos desaparecer. Para demostrarnos que son sólo ideas nuestras no se nos ocurre nada mejor que controlar la mirada de las personas con las que nos cruzamos:
La primera… sí, nos mira.
La segunda…sí, sí, también lo hace…
Ese grupito de adolescentes que se acerca… también, y algo comentan entre sonrisas… seguro que tiene que ver con nosotros…
A poco de andar verificamos que evidentemente a una buena mayoría de las personas que se cruzan con nosotros le llama la atención vernos, pero vamos, hay que saber sobrellevarlo con la mayor dignidad posible y que piensen lo que quieran, si les gusta bien, y si no también..
De este modo, la consigna de pasar lo más desapercibidos posible que nos ha guiado durante la mayor parte de nuestra vida es ahora dejada en el olvido por motivos obvios. De ahora en más, en todo momento nos encontraremos expuestos. Y lo que es mejor, ya no nos importa.
Es un avance.
Paulatinamente los días pasan y la relación se afirma. Nos llevamos francamente bien y nuestras personalidades se complementan como si estuviéramos hechos el uno para el otro… aunque el espejo se encargue de recordarnos a cada momento que no es así.
Y como no podía ser de otra manera, llega el día en que comenzamos a conocer a los primeros amigos de nuestra novia, quienes nos miran con un poco de curiosidad y bastante indiferencia, seguros en su interior de que el romance no durará más que unas pocas semanas, meses quizá, pero no más.
No nos hacen el vacío, pero sentimos que nuestra presencia les resulta absolutamente intrascendente.
Sin embargo, una vez más recurrimos a nuestro orgullo, y como sabemos que lo peor que podemos hacer es arrinconarnos, no nos queda otra que explotar al máximo nuestra personalidad. Hay que marcar territorio.
Y es así que nos lanzamos a hablar aparentando una seguridad que nos asombra a nosotros mismos, y para sorpresa nuestra, tan mal no nos sale.
Estamos ganando confianza. A esta altura de la relación nos hemos acostumbrado a que sea ella la que nos pasa el brazo sobre los hombros, besar hacia arriba ha dejado de parecernos extraño y tenemos más que asumido que debemos estar preparados para ser observados en todo momento. Realmente lo vamos llevando bastante bien.
Y es mejor que sea así, porque todo tiende acomplicarse…
Un buen día nuestra amada nos informa que una pareja amiga se casa y nos han invitado a la fiesta, que promete ser de las buenas.
Por supuesto, allí estará todo el grupo de amigos, los que ya hemos conocido, y otros muchos que no, como por ejemplo, su ex…
...
Lo primero que se nos ocurre decir es: “No mira, la verdad es que me revienta que vaya tu ex, de modo que o lo desinvitan a él, o vas tú sola”
Pero sin dudas eso nos expondría a una interminable discusión y si somos lo suficientemente tercos, a provocar la exposición de quien a esta altura es nuestra novia formal a las garras del que ya supo alguna vez conquistarla.
La respuesta cae de madura:
“-Cómo? ... No, por supuesto que no me molesta que vaya tu ex… por quién me has tomado…?”
Y así salimos del trance sin terminar de comprender las posibles consecuencias de lo que hemos dicho.
Esto...Es un avance?
Poco a poco nos aproximamos al día de la boda, y una tarde cualquiera en medio de una conversación trivial de pronto nos ponen cara de “con esto no se juega”, y nos consultan acerca de un tema vital para una mujer: los zapatos.
“Quizá deba comprar unas sandalias sin taco… Sería lo mejor no?”
Una rápida consulta al poco sentido común que nos queda nos señala dos posibilidades: la primera es que obviamente se las compre, para no aumentar una diferencia de por sí más que evidente.
Sin embargo, la reacción de los demás ante una mujer con ese tipo de calzado no tiene por qué ser muy distinta a la que, acertados o no, nosotros mismos siempre tuvimos:
“ -Claro, la pobre está acomplejada con su altura… y para peor con el pequeñín a su lado…”
No es fácil la respuesta, pero la cara de nuestra novia nos permite percibir cuál es la correcta, y nuestra experiencia nos indica que si llegáramos a optar por la otra, la conversación se puede llegar a extender indefinidamente hasta que finalmente digamos lo que se pretende que digamos.
La conclusión es obvia, no perdamos tiempo:
“-Sin taco… por qué? De ninguna manera… No son nada elegantes…”
Ya está. Lo dijimos.
Ahora que sea lo que Dios quiera.
Total, aunque la idea de elevar la diferencia de 13 a 18 cm nos produzca un nudo en el estómago, aún tenemos unos días por delante para hacernos a la idea…
Esta historia continúa aquí ...
Publicado por Pedro
A veces la vida nos juega bromas de las cuales no logramos escapar por más que lo intentemos.
Por ejemplo, cuando nos elige para formar parte de ese minoritario grupo que debe estirarse para lograr el simple objetivo de besar a su propia novia.
En circunstancias normales no se nos ocurriría ni remotamente entablar una relación así: más allá de que ella nos parezca excepcionalmente bonita, sabemos que esos 13 cm son una barrera infranqueable para nosotros, pero a pesar de ello el destino se obstina, enreda nuestras vidas y para cuando nos queremos dar cuenta estamos juntos.
Pero no nos alarmemos, sabemos que la relación no pasará a mayores, no es más que una aventura pasajera…
No hay de qué preocuparse.
Y con este pensamiento aún en mente, pocos días más tarde nos estamos preguntando cómo fue que sin que nos diéramos cuenta la otra persona llegó a convertirse en una parte importante de nuestra vida… y nosotros en la de ella.
Y bueno, podremos ser una pareja diferente a las demás, pero la altura es simplemente un detalle sin importancia, o no?
Por supuesto que sí, pero en el día a día ese “detalle sin importancia” hará que todo resulte más difícil e incómodo.
El solo hecho de besarse es distinto: Te agachas o me estiro?
“-Ups… esto antes no sucedía….”
Es un poquitín humillante, no? Pero bueno, hay que suplir esto con determinación, porque esto no es nada con respecto a lo que viene.
No terminamos de asimilar lo anterior cuando caemos en la cuenta de que el simple hecho de caminar por la calle tampoco volverá a ser lo mismo que era: debemos olvidarnos de pasarle el brazo por encima de los hombros bajo riesgo de acalambrarnos, y limitarnos a la cintura. Nada imposible, convengamos.
Ah, y también acostumbrarnos a que ya no resultaremos indiferentes a las personas que se nos cruzan. Esto ya no es tan fácil de lograr: Si antes de comenzar la relación teníamos algo de timidez, para este momento estamos en pleno proceso de destruirla… o de que ella nos destruya a nosotros.
En esa primera salida, los primeros diez minutos resultan terribles: sólo deseamos desaparecer. Para demostrarnos que son sólo ideas nuestras no se nos ocurre nada mejor que controlar la mirada de las personas con las que nos cruzamos:
La primera… sí, nos mira.
La segunda…sí, sí, también lo hace…
Ese grupito de adolescentes que se acerca… también, y algo comentan entre sonrisas… seguro que tiene que ver con nosotros…
A poco de andar verificamos que evidentemente a una buena mayoría de las personas que se cruzan con nosotros le llama la atención vernos, pero vamos, hay que saber sobrellevarlo con la mayor dignidad posible y que piensen lo que quieran, si les gusta bien, y si no también..
De este modo, la consigna de pasar lo más desapercibidos posible que nos ha guiado durante la mayor parte de nuestra vida es ahora dejada en el olvido por motivos obvios. De ahora en más, en todo momento nos encontraremos expuestos. Y lo que es mejor, ya no nos importa.
Es un avance.
Paulatinamente los días pasan y la relación se afirma. Nos llevamos francamente bien y nuestras personalidades se complementan como si estuviéramos hechos el uno para el otro… aunque el espejo se encargue de recordarnos a cada momento que no es así.
Y como no podía ser de otra manera, llega el día en que comenzamos a conocer a los primeros amigos de nuestra novia, quienes nos miran con un poco de curiosidad y bastante indiferencia, seguros en su interior de que el romance no durará más que unas pocas semanas, meses quizá, pero no más.
No nos hacen el vacío, pero sentimos que nuestra presencia les resulta absolutamente intrascendente.
Sin embargo, una vez más recurrimos a nuestro orgullo, y como sabemos que lo peor que podemos hacer es arrinconarnos, no nos queda otra que explotar al máximo nuestra personalidad. Hay que marcar territorio.
Y es así que nos lanzamos a hablar aparentando una seguridad que nos asombra a nosotros mismos, y para sorpresa nuestra, tan mal no nos sale.
Estamos ganando confianza. A esta altura de la relación nos hemos acostumbrado a que sea ella la que nos pasa el brazo sobre los hombros, besar hacia arriba ha dejado de parecernos extraño y tenemos más que asumido que debemos estar preparados para ser observados en todo momento. Realmente lo vamos llevando bastante bien.
Y es mejor que sea así, porque todo tiende acomplicarse…
Un buen día nuestra amada nos informa que una pareja amiga se casa y nos han invitado a la fiesta, que promete ser de las buenas.
Por supuesto, allí estará todo el grupo de amigos, los que ya hemos conocido, y otros muchos que no, como por ejemplo, su ex…
...
Lo primero que se nos ocurre decir es: “No mira, la verdad es que me revienta que vaya tu ex, de modo que o lo desinvitan a él, o vas tú sola”
Pero sin dudas eso nos expondría a una interminable discusión y si somos lo suficientemente tercos, a provocar la exposición de quien a esta altura es nuestra novia formal a las garras del que ya supo alguna vez conquistarla.
La respuesta cae de madura:
“-Cómo? ... No, por supuesto que no me molesta que vaya tu ex… por quién me has tomado…?”
Y así salimos del trance sin terminar de comprender las posibles consecuencias de lo que hemos dicho.
Esto...Es un avance?
Poco a poco nos aproximamos al día de la boda, y una tarde cualquiera en medio de una conversación trivial de pronto nos ponen cara de “con esto no se juega”, y nos consultan acerca de un tema vital para una mujer: los zapatos.
“Quizá deba comprar unas sandalias sin taco… Sería lo mejor no?”
Una rápida consulta al poco sentido común que nos queda nos señala dos posibilidades: la primera es que obviamente se las compre, para no aumentar una diferencia de por sí más que evidente.
Sin embargo, la reacción de los demás ante una mujer con ese tipo de calzado no tiene por qué ser muy distinta a la que, acertados o no, nosotros mismos siempre tuvimos:
“ -Claro, la pobre está acomplejada con su altura… y para peor con el pequeñín a su lado…”
No es fácil la respuesta, pero la cara de nuestra novia nos permite percibir cuál es la correcta, y nuestra experiencia nos indica que si llegáramos a optar por la otra, la conversación se puede llegar a extender indefinidamente hasta que finalmente digamos lo que se pretende que digamos.
La conclusión es obvia, no perdamos tiempo:
“-Sin taco… por qué? De ninguna manera… No son nada elegantes…”
Ya está. Lo dijimos.
Ahora que sea lo que Dios quiera.
Total, aunque la idea de elevar la diferencia de 13 a 18 cm nos produzca un nudo en el estómago, aún tenemos unos días por delante para hacernos a la idea…
Esta historia continúa aquí ...
Publicado por Pedro
Etiquetas:
chicas altas,
noviazgo
Exclusivo para heterosexuales: Alguna vez teniendo sexo, fantaseaste con alguien del sexo opuesto?
Esta encuesta es sólo para quienes se consideran 100% hetero, no para los bisexuales, y vale tanto para el sexo realizado en pareja como en forma individual.
Etiquetas:
encuestas
Exclusivo para gays: Alguna vez teniendo sexo, fantaseaste con alguien del sexo opuesto?
Esta encuesta es sólo para quienes se consideran 100% homosexuales, no para los bisexuales, y vale tanto para el sexo realizado en pareja como en forma individual.
Piensen bien la respuesta, recuerden que sólo se puede votar una vez.
Piensen bien la respuesta, recuerden que sólo se puede votar una vez.
Etiquetas:
encuestas
La belleza no es lo más importante, pero qué bien lo disimulamos!
No estoy muy seguro de si estoy experimentando algún problema hormonal, si me estoy poniendo viejo antes de tiempo, o si lo que me sucede es más o menos normal.
A alguien más le pasa que buena parte de las mujeres que han pasado por el quirófano en lugar de excitarlos les resultan grotescas?
No me refiero a quienes recurren a pequeñas cirugías para corregir rasgos que les resultan molestos, sino a esas mujeres que deciden convertirse en objetos sexuales y de las cuales hay numerosos ejemplos que pululan por los canales de televisión, al menos por estas tierras.
Lo grotesco como objeto del deseo.
En el camino por ser el objeto del deseo masculino, se transforman y dejan su aspecto original para transformarse en un clon más de un ejército de mujeres con los mismos rasgos: labios semejantes a dos salchichas en una mueca que es una mezcla de Gioconda con muñeca inflable; pómulos que emulan los cachetes de Quico (el del Chavo, recuerdan?) pero puestos más arriba; un trasero que hace sospechar alguna deformidad en la cadera y un busto que pasa a ser el centro del universo: dos protuberancias que normalmente no guardan proporción con el resto del cuerpo, o con lo que queda de él mejor dicho, y con los pezones más o menos próximos al sitio donde se supone que deberían ir si se tuvo la suerte de costear un cirujano plástico medianamente hábil.
Creerán que así lucen más atractivas?
Pensarán que los hombres al verlas así las convertimos en objetos de nuestra fantasía?
Pues al menos ese no es mi caso. Prefiero mil veces una mujer con poco busto, natural y proporcionada que una de esas mujeres plásticas.
Y ni que hablar de lo que puede suceder con el paso del tiempo: Caerá todo el resto y eso permanecerá firme?
Verdaderamente no lo sé, pero tampoco deseo imaginarlo.
Esclavos del espejo.
La pregunta de fondo es qué nos está sucediendo.
Qué es lo que nos mueve a esclavizarnos en pos de mantener una imagen al punto de llegar en algunos casos a destruir nuestro cuerpo?
Comprendo la carga psicológica que puede significar para algunas mujeres un rasgo fuerte en el rostro, o la falta de busto, o de curvas, y por supuesto que no estoy en contra de las cirugías en esos casos, aunque no estoy muy seguro de hasta qué punto el hecho de pasar por el quirófano soluciona el problema de fondo, ya que la inseguridad buscará muy probablemente otro aspecto de nuestra personalidad para aflorar nuevamente. Siempre nos encontraremos defectos para sobredimensionar, si así lo deseamos.
Además, también el tiempo hará su trabajo. Y por más que luchemos su paso es inexorable, por lo que tal vez lo verdaderamente bonito sea envejecer con dignidad sin intentar aferrarnos a una juventud que se va, porque ello nos lleva inevitablemente a dar tarde o temprano una imagen digna de lástima.
A lo que voy es a que tengo la sensación de que se está haciendo una costumbre el pasar por el quirófano.
Ya sea porque se intenta mejorar la sensualidad del cuerpo o porque se busca mantener una apariencia joven por un tiempo que resulta cada vez más breve, se gastan fortunas en pos de la imagen y en el caso de la cirugía es muy importante el porcentaje de personas que sale peor de lo que entró.
No pretendo que abandonemos nuestro aspecto, pero… no se nos está yendo la mano?
Haz lo que yo digo, no lo que yo hago.
Aunque no nos guste, la realidad es que en nuestra sociedad la belleza abre puertas, simplifica las cosas. Nos guiamos por la imagen aún a sabiendas de que somos enormemente injustos.
Sabemos que no debemos ser así y criticamos con vehemencia a quienes lo son. Nos parece horrible hacerlo, pero al mismo tiempo nos desvivimos por mejorar nuestra apariencia.
Sin dudar decimos a los cuatro vientos que la belleza no es importante, que lo importante es lo que hay dentro, pero si estamos tan convencidos de ello, porque nuestra sociedad funciona como funciona?
Creo que algo extraño nos está sucediendo, porque declamamos una cosa, la convertimos en un axioma indiscutible, pero al mismo tiempo nuestras acciones se dirigen cada día con mayor decisión en un sentido absolutamente opuesto.
Es como si tuviéramos una escala de valores escrita y otra de facto, que es la que realmente utilizamos.
Ateniéndonos a la Real Academia lo podríamos calificar como hipocresía. Prefiero pensar que es inseguridad.
Publicado por Pedro
A alguien más le pasa que buena parte de las mujeres que han pasado por el quirófano en lugar de excitarlos les resultan grotescas?
No me refiero a quienes recurren a pequeñas cirugías para corregir rasgos que les resultan molestos, sino a esas mujeres que deciden convertirse en objetos sexuales y de las cuales hay numerosos ejemplos que pululan por los canales de televisión, al menos por estas tierras.
Lo grotesco como objeto del deseo.
En el camino por ser el objeto del deseo masculino, se transforman y dejan su aspecto original para transformarse en un clon más de un ejército de mujeres con los mismos rasgos: labios semejantes a dos salchichas en una mueca que es una mezcla de Gioconda con muñeca inflable; pómulos que emulan los cachetes de Quico (el del Chavo, recuerdan?) pero puestos más arriba; un trasero que hace sospechar alguna deformidad en la cadera y un busto que pasa a ser el centro del universo: dos protuberancias que normalmente no guardan proporción con el resto del cuerpo, o con lo que queda de él mejor dicho, y con los pezones más o menos próximos al sitio donde se supone que deberían ir si se tuvo la suerte de costear un cirujano plástico medianamente hábil.
Creerán que así lucen más atractivas?
Pensarán que los hombres al verlas así las convertimos en objetos de nuestra fantasía?
Pues al menos ese no es mi caso. Prefiero mil veces una mujer con poco busto, natural y proporcionada que una de esas mujeres plásticas.
Y ni que hablar de lo que puede suceder con el paso del tiempo: Caerá todo el resto y eso permanecerá firme?
Verdaderamente no lo sé, pero tampoco deseo imaginarlo.
Esclavos del espejo.
La pregunta de fondo es qué nos está sucediendo.
Qué es lo que nos mueve a esclavizarnos en pos de mantener una imagen al punto de llegar en algunos casos a destruir nuestro cuerpo?
Comprendo la carga psicológica que puede significar para algunas mujeres un rasgo fuerte en el rostro, o la falta de busto, o de curvas, y por supuesto que no estoy en contra de las cirugías en esos casos, aunque no estoy muy seguro de hasta qué punto el hecho de pasar por el quirófano soluciona el problema de fondo, ya que la inseguridad buscará muy probablemente otro aspecto de nuestra personalidad para aflorar nuevamente. Siempre nos encontraremos defectos para sobredimensionar, si así lo deseamos.
Además, también el tiempo hará su trabajo. Y por más que luchemos su paso es inexorable, por lo que tal vez lo verdaderamente bonito sea envejecer con dignidad sin intentar aferrarnos a una juventud que se va, porque ello nos lleva inevitablemente a dar tarde o temprano una imagen digna de lástima.
A lo que voy es a que tengo la sensación de que se está haciendo una costumbre el pasar por el quirófano.
Ya sea porque se intenta mejorar la sensualidad del cuerpo o porque se busca mantener una apariencia joven por un tiempo que resulta cada vez más breve, se gastan fortunas en pos de la imagen y en el caso de la cirugía es muy importante el porcentaje de personas que sale peor de lo que entró.
No pretendo que abandonemos nuestro aspecto, pero… no se nos está yendo la mano?
Haz lo que yo digo, no lo que yo hago.
Aunque no nos guste, la realidad es que en nuestra sociedad la belleza abre puertas, simplifica las cosas. Nos guiamos por la imagen aún a sabiendas de que somos enormemente injustos.
Sabemos que no debemos ser así y criticamos con vehemencia a quienes lo son. Nos parece horrible hacerlo, pero al mismo tiempo nos desvivimos por mejorar nuestra apariencia.
Sin dudar decimos a los cuatro vientos que la belleza no es importante, que lo importante es lo que hay dentro, pero si estamos tan convencidos de ello, porque nuestra sociedad funciona como funciona?
Creo que algo extraño nos está sucediendo, porque declamamos una cosa, la convertimos en un axioma indiscutible, pero al mismo tiempo nuestras acciones se dirigen cada día con mayor decisión en un sentido absolutamente opuesto.
Es como si tuviéramos una escala de valores escrita y otra de facto, que es la que realmente utilizamos.
Ateniéndonos a la Real Academia lo podríamos calificar como hipocresía. Prefiero pensar que es inseguridad.
Publicado por Pedro
Ese vicio horrible de la masturbación tiene sus riesgos... pero también sus ventajas.
Si hay alguna actividad humana que realmente tiene mala prensa, ésa es la masturbación.
En realidad es curioso que algo tan practicado, como veremos luego, merezca la actitud que la mayor parte de la sociedad tiene ante esta actividad. Porque el sólo hecho de escuchar mencionar la palabra incomoda a más de un mortal, y el ser acusado de practicarlo es considerado un insulto, y de los peores, en vastos sectores del planeta.
Por otra parte, nadie reconocerá de buena gana hacerlo, y más de uno pone toda su energía en dejar tan "horrible hábito que sólo unos pocos fracasados practican”. Así, se gastan enormes energías y esfuerzo en abandonar el supuesto vicio. Por supuesto que se fracasa en el intento, pero se vuelve a intentar. Y se fracasa nuevamente… y así una y otra vez.
La religión, la sociedad, la familia, todos la condenan desde tiempos inmemoriales y sin embargo… es algo tan terrible?
Algunos “pequeños” efectos colaterales.
A la hora de imaginar las consecuencias que esta práctica acarrearía, nuestros antepasados no escatimaron esfuerzos y se despacharon con todo: eminencias religiosas, hombres de ciencia y charlatanes de turno no vacilaron en afirmar que la masturbación era culpable de trastornos epilépticos, daños en la médula, aparición de pelos en la palma de las manos, acné, ceguera, crecimiento del busto en los hombres, agrandamiento del clítoris en las mujeres y hasta demencia.
Pero se les escapó también una buena: a alguien se le ocurrió decir que agrandaba el pene. (Si bien no aparece en ninguna crónica, es de imaginar el desbande producido entre quienes escucharon esto buscando desesperadamente un lugar solitario para verificarlo).
Como tanta crítica al parecer no era suficiente, por las dudas los moralistas la calificaron también de vicio solitario, acto de egoísmo supremo, acto gravemente desordenado, autoabuso, acto vergonzoso, fuente de pecado y defecto humillante, por mencionar sólo algunos de los calificativos.
La pregunta que entonces nos surge es: Porqué tanta unanimidad en denostar a la masturbación?
Buceando en la historia nos encontramos que el psicoterapeuta Ricardo Carmen Manrique * nos retrotrae a los tiempos en que se consideraba que el esperma estaba formado por una legión de hombres microscópicos. El papel de la mujer por entonces se limitaba simplemente a proveer un campo fértil para que estos hombrecitos se desarrollaran.
Desde este punto de vista la masturbación no era otra cosa que la matanza de una enorme cantidad de futuros posibles hombres, lo cual parece al menos una postura lógica para la época y un posible origen de la visión negativa que se tiene del tema.
Sin embargo, el tiempo ha pasado, la ciencia ha avanzado y esas ideas han quedado atrás pero las condenas a la masturbación aún continúan desde los sectores más conservadores de la sociedad, especialmente desde buena parte del mundo religioso y su mala imagen se encuentra sumamente arraigada en nuestra sociedad.
Hablemos de números.
Es curioso cómo, a pesar de toda la propaganda antimasturbación que recibimos desde pequeños, igualmente continuamos con esa práctica, aún a costa de que el hacerlo nos genere una carga de remordimiento para nada positiva.
Porque la verdad es que hacerse, se hace.Y vaya si se hace!
Las cifras nos revelan que alrededor del 95% de los hombres y el 36% de las mujeres lo practican, aunque en este último caso las cifras pueden ser muy superiores de acuerdo al estudio que consideremos. (Parece que las mujeres son más remisas a reconocerlo)****.
Además, si bien la masturbación se inicia y se practica con mayor asiduidad en la adolescencia, es una práctica que continúa hasta edades bien avanzadas, aunque con una frecuencia cada vez menor, como es de imaginar, como demostró Alfred Kinsey***, entre otros.
En otras palabras: casi todos lo hacemos durante la mayor parte de nuestra vida. Y no andamos sufriendo convulsiones, ni con las palmas de las manos peludas, ni las mujeres andan por allí cargando sus enormes clítoris, y tampoco los hombres andamos fascinados con nuestros pechos, salvo honrosas excepciones de origen quirúrgico.
Ello inevitablemente hace sospechar que lo que nos decían no era del todo acertado, no les parece?
En busca de la objetividad perdida.
Ahora bien, la pregunta que nos surge es: tiene sentido semejante rechazo a la masturbación? Hay elementos científicos serios que lo avalen?
En lo que sigue del artículo intentaremos ver el tema con objetividad e intentar analizar que tanto tiene de aberrante y qué de beneficioso, manteniéndonos al margen de los problemas que tal actividad pueda generarnos con nuestra conciencia a causa de nuestras convicciones religiosas, ya que eso pasa por la fe de cada uno y no tenemos autoridad ni intenciones de cuestionarlas.
La realidad es que,como la mayoría de las cosas en este mundo, la masturbación tiene sus claroscuros, sus partes buenas y su aspecto negativo.
Que no se nos vaya la mano (literalmente, en este caso).
El primer problema que mencionaremos, es que al no haber demasiados requerimientos para poder ser practicada, es posible dejarnos llevar por nuestros deseos y comenzar a masturbarnos con demasiada frecuencia, al punto de que pueda convertirse en una costumbre adictiva, que como tal, puede aislarnos socialmente, con las complicaciones que ello acarrea.
Así, la masturbación realizada en forma abusiva nos puede llevar a acostumbrar a nuestro cuerpo a un determinado tipo de excitación, lo cual dificultará que podamos llegar al orgasmo cuando el modo de excitación varíe.
El hecho de acostumbrarnos a una determinada velocidad, presión o postura nos puede llevar en casos extremos a que cuando debamos desempeñarnos en pareja nuestro cerebro no sea capaz de procesar ese modo de excitación, o que ésta no resulte suficiente.
Llegados a este punto nos sería muy difícil, si no imposible, llegar al orgasmo.
La forma de prevenir esto, además de no excedernos en lo que hace a la frecuencia, es ir variando la técnica masturbatoria, lo cual también nos ayudará a abrir nuestra mente al obligarnos a imaginar variantes.
Y ahora la parte buena.
Ahora bien, cambiemos la cara, porque no todas son malas, también hay algunos puntos a favor. Y no son pocos.
El primero que podemos mencionar es que la masturbación en las mujeres, y en menor medida en los hombres, nos permite autoexplorarnos, descubrir cuáles son nuestras zonas erógenas, y en qué forma y hasta qué punto excitarlas. Descubrir qué nos agrada y qué no, es de enorme importancia, y nos permitirá mejorar nuestra relación, ya que podremos guiar a nuestra pareja por los caminos que mejor nos lleven al orgasmo.
En el caso de los hombres esto también nos permite identificar los momentos previos al impulso eyaculatorio, con lo cual podremos aprender a manejarlo y así prolongar el acto sexual.
Por otra parte la masturbación es un importante recurso que tiene nuestro organismo para liberarse de las pequeñas frustraciones y de las tensiones que día a día nos provoca la vida, las cuales de otro modo se irían acumulando en nuestra mente (el tan temido estrés) terminando por minar nuestra salud. No es nada anormal que ante algún contratiempo, por pequeño que sea, nos sorprenda el deseo de masturbarnos. No se trata de alguna perversión que tenemos, es simplemente un mecanismo de defensa.
También, en más de un caso masturbarse un rato antes de tener relaciones se convierte en una eficaz manera de evitar la eyaculación precoz, ya que nos permite tener un rato más o menos prolongado para disfrutar del sexo en pareja, y en el caso de no tener pareja, es un muy buen método para descargar la tensión sexual acumulada, evitando que dicha tensión afecte nuestra vida diaria y nos metamos en problemas.
En el caso de las mujeres además, la masturbación trae aparejada un relajamiento muscular que puede ayudar a aliviar el dolor menstrual.
Y como si todo esto fuera poco, un estudio realizado en 2002 por el Centro Australiano de Investigaciones en Sexo, Salud y Sociedad dependiente de la Universidad de La Trobe, en Melbourne, permite concluir que eyacular más o menos frecuentemente, ya sea en relaciones sexuales o mediante la masturbación, resulta beneficioso para la prevención del cáncer de próstata, ya que el semen hace una función de limpieza, arrastrando sustancias residuales potencialmente peligrosas.
Dicho estudio se realizó entre más de 2.000 hombres, aproximadamente la mitad de los cuales padecía cáncer de próstata. Los resultados revelaron que el número de casos disminuía entre quienes más eyaculaciones habían tenido entre los 20 y los 50 años.**
De todos modos este estudio todavía no ha sido totalmente aceptado y aún debe ser ampliado y ratificado, pero es un primer indicio de algo que puede modificar la visión que se tenía de las cosas.
Bueno, como verán, luego de todo esto no podemos más que concluir que la masturbación no es nociva ni antinatural.
Los pros son muchos más que los contras, y si bien conviene siempre tener en cuenta a éstos porque nos pueden traer complicaciones en nuestra vida en pareja, el saldo es ampliamente favorable, por lo que a partir de ahora pueden salir a decirle a todo el mundo con infinito orgullo lo mucho que se masturban…
O me van a decir que no se animan…?
Referencias:
*Ricardo Carmen Manrique en http://www.angelfire.com/pe/actualidadpsi/autoerotismo.html
** La noticia original la encuentran en http://news.bbc.co.uk/2/hi/health/3072021.stm
*** Alfred Kinsey, Conducta Sexual del Varón, Cap. 14.
**** Como las cifras no nos cerraban, hemos continuado hurgando el tema y dimos con el Informe Hite, que eleva el porcentaje de mujeres que se masturban al 82%. Tratamos el tema en "Masturbación femenina: Satisfacción garantizada, o le devolvemos su dinero."
Publicado por Pedro
En realidad es curioso que algo tan practicado, como veremos luego, merezca la actitud que la mayor parte de la sociedad tiene ante esta actividad. Porque el sólo hecho de escuchar mencionar la palabra incomoda a más de un mortal, y el ser acusado de practicarlo es considerado un insulto, y de los peores, en vastos sectores del planeta.
Por otra parte, nadie reconocerá de buena gana hacerlo, y más de uno pone toda su energía en dejar tan "horrible hábito que sólo unos pocos fracasados practican”. Así, se gastan enormes energías y esfuerzo en abandonar el supuesto vicio. Por supuesto que se fracasa en el intento, pero se vuelve a intentar. Y se fracasa nuevamente… y así una y otra vez.
La religión, la sociedad, la familia, todos la condenan desde tiempos inmemoriales y sin embargo… es algo tan terrible?
Algunos “pequeños” efectos colaterales.
A la hora de imaginar las consecuencias que esta práctica acarrearía, nuestros antepasados no escatimaron esfuerzos y se despacharon con todo: eminencias religiosas, hombres de ciencia y charlatanes de turno no vacilaron en afirmar que la masturbación era culpable de trastornos epilépticos, daños en la médula, aparición de pelos en la palma de las manos, acné, ceguera, crecimiento del busto en los hombres, agrandamiento del clítoris en las mujeres y hasta demencia.
Pero se les escapó también una buena: a alguien se le ocurrió decir que agrandaba el pene. (Si bien no aparece en ninguna crónica, es de imaginar el desbande producido entre quienes escucharon esto buscando desesperadamente un lugar solitario para verificarlo).
Como tanta crítica al parecer no era suficiente, por las dudas los moralistas la calificaron también de vicio solitario, acto de egoísmo supremo, acto gravemente desordenado, autoabuso, acto vergonzoso, fuente de pecado y defecto humillante, por mencionar sólo algunos de los calificativos.
La pregunta que entonces nos surge es: Porqué tanta unanimidad en denostar a la masturbación?
Buceando en la historia nos encontramos que el psicoterapeuta Ricardo Carmen Manrique * nos retrotrae a los tiempos en que se consideraba que el esperma estaba formado por una legión de hombres microscópicos. El papel de la mujer por entonces se limitaba simplemente a proveer un campo fértil para que estos hombrecitos se desarrollaran.
Desde este punto de vista la masturbación no era otra cosa que la matanza de una enorme cantidad de futuros posibles hombres, lo cual parece al menos una postura lógica para la época y un posible origen de la visión negativa que se tiene del tema.
Sin embargo, el tiempo ha pasado, la ciencia ha avanzado y esas ideas han quedado atrás pero las condenas a la masturbación aún continúan desde los sectores más conservadores de la sociedad, especialmente desde buena parte del mundo religioso y su mala imagen se encuentra sumamente arraigada en nuestra sociedad.
Hablemos de números.
Es curioso cómo, a pesar de toda la propaganda antimasturbación que recibimos desde pequeños, igualmente continuamos con esa práctica, aún a costa de que el hacerlo nos genere una carga de remordimiento para nada positiva.
Porque la verdad es que hacerse, se hace.Y vaya si se hace!
Las cifras nos revelan que alrededor del 95% de los hombres y el 36% de las mujeres lo practican, aunque en este último caso las cifras pueden ser muy superiores de acuerdo al estudio que consideremos. (Parece que las mujeres son más remisas a reconocerlo)****.
Además, si bien la masturbación se inicia y se practica con mayor asiduidad en la adolescencia, es una práctica que continúa hasta edades bien avanzadas, aunque con una frecuencia cada vez menor, como es de imaginar, como demostró Alfred Kinsey***, entre otros.
En otras palabras: casi todos lo hacemos durante la mayor parte de nuestra vida. Y no andamos sufriendo convulsiones, ni con las palmas de las manos peludas, ni las mujeres andan por allí cargando sus enormes clítoris, y tampoco los hombres andamos fascinados con nuestros pechos, salvo honrosas excepciones de origen quirúrgico.
Ello inevitablemente hace sospechar que lo que nos decían no era del todo acertado, no les parece?
En busca de la objetividad perdida.
Ahora bien, la pregunta que nos surge es: tiene sentido semejante rechazo a la masturbación? Hay elementos científicos serios que lo avalen?
En lo que sigue del artículo intentaremos ver el tema con objetividad e intentar analizar que tanto tiene de aberrante y qué de beneficioso, manteniéndonos al margen de los problemas que tal actividad pueda generarnos con nuestra conciencia a causa de nuestras convicciones religiosas, ya que eso pasa por la fe de cada uno y no tenemos autoridad ni intenciones de cuestionarlas.
La realidad es que,como la mayoría de las cosas en este mundo, la masturbación tiene sus claroscuros, sus partes buenas y su aspecto negativo.
Que no se nos vaya la mano (literalmente, en este caso).
El primer problema que mencionaremos, es que al no haber demasiados requerimientos para poder ser practicada, es posible dejarnos llevar por nuestros deseos y comenzar a masturbarnos con demasiada frecuencia, al punto de que pueda convertirse en una costumbre adictiva, que como tal, puede aislarnos socialmente, con las complicaciones que ello acarrea.
Así, la masturbación realizada en forma abusiva nos puede llevar a acostumbrar a nuestro cuerpo a un determinado tipo de excitación, lo cual dificultará que podamos llegar al orgasmo cuando el modo de excitación varíe.
El hecho de acostumbrarnos a una determinada velocidad, presión o postura nos puede llevar en casos extremos a que cuando debamos desempeñarnos en pareja nuestro cerebro no sea capaz de procesar ese modo de excitación, o que ésta no resulte suficiente.
Llegados a este punto nos sería muy difícil, si no imposible, llegar al orgasmo.
La forma de prevenir esto, además de no excedernos en lo que hace a la frecuencia, es ir variando la técnica masturbatoria, lo cual también nos ayudará a abrir nuestra mente al obligarnos a imaginar variantes.
Y ahora la parte buena.
Ahora bien, cambiemos la cara, porque no todas son malas, también hay algunos puntos a favor. Y no son pocos.
El primero que podemos mencionar es que la masturbación en las mujeres, y en menor medida en los hombres, nos permite autoexplorarnos, descubrir cuáles son nuestras zonas erógenas, y en qué forma y hasta qué punto excitarlas. Descubrir qué nos agrada y qué no, es de enorme importancia, y nos permitirá mejorar nuestra relación, ya que podremos guiar a nuestra pareja por los caminos que mejor nos lleven al orgasmo.
En el caso de los hombres esto también nos permite identificar los momentos previos al impulso eyaculatorio, con lo cual podremos aprender a manejarlo y así prolongar el acto sexual.
Por otra parte la masturbación es un importante recurso que tiene nuestro organismo para liberarse de las pequeñas frustraciones y de las tensiones que día a día nos provoca la vida, las cuales de otro modo se irían acumulando en nuestra mente (el tan temido estrés) terminando por minar nuestra salud. No es nada anormal que ante algún contratiempo, por pequeño que sea, nos sorprenda el deseo de masturbarnos. No se trata de alguna perversión que tenemos, es simplemente un mecanismo de defensa.
También, en más de un caso masturbarse un rato antes de tener relaciones se convierte en una eficaz manera de evitar la eyaculación precoz, ya que nos permite tener un rato más o menos prolongado para disfrutar del sexo en pareja, y en el caso de no tener pareja, es un muy buen método para descargar la tensión sexual acumulada, evitando que dicha tensión afecte nuestra vida diaria y nos metamos en problemas.
En el caso de las mujeres además, la masturbación trae aparejada un relajamiento muscular que puede ayudar a aliviar el dolor menstrual.
Y como si todo esto fuera poco, un estudio realizado en 2002 por el Centro Australiano de Investigaciones en Sexo, Salud y Sociedad dependiente de la Universidad de La Trobe, en Melbourne, permite concluir que eyacular más o menos frecuentemente, ya sea en relaciones sexuales o mediante la masturbación, resulta beneficioso para la prevención del cáncer de próstata, ya que el semen hace una función de limpieza, arrastrando sustancias residuales potencialmente peligrosas.
Dicho estudio se realizó entre más de 2.000 hombres, aproximadamente la mitad de los cuales padecía cáncer de próstata. Los resultados revelaron que el número de casos disminuía entre quienes más eyaculaciones habían tenido entre los 20 y los 50 años.**
De todos modos este estudio todavía no ha sido totalmente aceptado y aún debe ser ampliado y ratificado, pero es un primer indicio de algo que puede modificar la visión que se tenía de las cosas.
Bueno, como verán, luego de todo esto no podemos más que concluir que la masturbación no es nociva ni antinatural.
Los pros son muchos más que los contras, y si bien conviene siempre tener en cuenta a éstos porque nos pueden traer complicaciones en nuestra vida en pareja, el saldo es ampliamente favorable, por lo que a partir de ahora pueden salir a decirle a todo el mundo con infinito orgullo lo mucho que se masturban…
O me van a decir que no se animan…?
Referencias:
*Ricardo Carmen Manrique en http://www.angelfire.com/pe/actualidadpsi/autoerotismo.html
** La noticia original la encuentran en http://news.bbc.co.uk/2/hi/health/3072021.stm
*** Alfred Kinsey, Conducta Sexual del Varón, Cap. 14.
**** Como las cifras no nos cerraban, hemos continuado hurgando el tema y dimos con el Informe Hite, que eleva el porcentaje de mujeres que se masturban al 82%. Tratamos el tema en "Masturbación femenina: Satisfacción garantizada, o le devolvemos su dinero."
Publicado por Pedro
Etiquetas:
Kinsey,
masturbacion
Virgen a los 29: Cuando el sexo se convierte en una tortura psicológica.
Nos escribe Reyinaldox:
Hola
El motivo de mi consulta es que tengo 29 años y no he tenido relación sexual con ninguna mujer ni hombre.
Mis padres se divorciaron hace unos años.
En cuanto a mí, de aquí a unos años atrás he tenido algunos encuentros esporádicos con hombres, aunque no me penetraron ni nada, simplemente me dejaba tocar el ano.
Me gustó mucho ver penes pero de un momento a otro quiero ser hetero, macho viril… no sé cómo hacer …
Ayuda, por favor…
Casi me penetraron una vez, me lo pusieron en la puerta del ano… no sé qué hacer… el test de homosexual me salió 550…
Hola Reyinaldox.
Lo primero que haremos es pedirte que, si no lo has hecho ya, leas por favor nuestro artículo sobre El Informe Kinsey y su aplicación a la vida diaria. Es importante para que puedas comprender nuestra respuesta.
Podemos decir que lo que nos cuentas encaja perfectamente con el resultado del Test: te encuentras en el sector 3, con una carga mayoritaria de homosexualidad, aunque no exclusivamente gay.
Lo que queda por averiguar es si ésta es tu ubicación natural, o te encuentras desplazado y eres en realidad un 4 (homosexual) o un 2 (con una carga leve de homosexualidad), y estás pasando momentáneamente un período en 3.
Lo que te podemos decir con seguridad es que eres lo que eres, y no es posible decidir en un momento de la vida que a partir del día siguiente cambiará nuestra orientación sexual.
Por mucho que puedas leer por allí, lo único que se puede obtener de las supuestas “curas” de la homosexualidad son problemas psicológicos en verdad graves.
Y con esto no estoy diciendo que seas homosexual ni mucho menos.
Lo que debes analizar con detenimiento es si lo que dices sobre querer ser un macho viril hetero, es porque realmente te atraen las mujeres o porque sientes que eso es lo que la sociedad te exige para aceptarte.
Si es lo primero, pues adelante, nada te impide probar y luego decidir cuál es realmente tu orientación sexual.
En el caso de ser lo segundo, te recomendaría que lo pienses bien.
Indudablemente los gays no la tienen fácil ni muchísimo menos en nuestra sociedad, pero si intentas negarte a ti mismo, estarás absolutamente solo, aunque la sociedad te ame. Y no lo hará, porque el único modo de insertarse en la sociedad es mostrando seguridad en uno mismo, y si tú no te aceptas, o intentas fingir lo que no eres, nunca lograrás el reconocimiento que mereces. Y tampoco serás feliz, porque no estarás viviendo tu vida sino una farsa. Y esto vale tanto para los gays como para los hetero y los bisexuales.
Tú debes ser tu mejor amigo y aceptarte como eres. La sexualidad es sólo una mínima parte de nuestra personalidad y lo que es verdaderamente importante es qué tan buenas personas somos.
Piensa detenidamente qué es lo que te atrae sexualmente, actúa en consecuencia y no dejes que ello te preocupe, porque eres mucho más que sexo. Quítale presión al tema.
Tú eres tú y la vida es tan hermosa como breve. Dedícate a disfrutarla, y si a alguien no le gusta, pues es su problema.
Mucha suerte.
Hola
El motivo de mi consulta es que tengo 29 años y no he tenido relación sexual con ninguna mujer ni hombre.
Mis padres se divorciaron hace unos años.
En cuanto a mí, de aquí a unos años atrás he tenido algunos encuentros esporádicos con hombres, aunque no me penetraron ni nada, simplemente me dejaba tocar el ano.
Me gustó mucho ver penes pero de un momento a otro quiero ser hetero, macho viril… no sé cómo hacer …
Ayuda, por favor…
Casi me penetraron una vez, me lo pusieron en la puerta del ano… no sé qué hacer… el test de homosexual me salió 550…
Hola Reyinaldox.
Lo primero que haremos es pedirte que, si no lo has hecho ya, leas por favor nuestro artículo sobre El Informe Kinsey y su aplicación a la vida diaria. Es importante para que puedas comprender nuestra respuesta.
Podemos decir que lo que nos cuentas encaja perfectamente con el resultado del Test: te encuentras en el sector 3, con una carga mayoritaria de homosexualidad, aunque no exclusivamente gay.
Lo que queda por averiguar es si ésta es tu ubicación natural, o te encuentras desplazado y eres en realidad un 4 (homosexual) o un 2 (con una carga leve de homosexualidad), y estás pasando momentáneamente un período en 3.
Lo que te podemos decir con seguridad es que eres lo que eres, y no es posible decidir en un momento de la vida que a partir del día siguiente cambiará nuestra orientación sexual.
Por mucho que puedas leer por allí, lo único que se puede obtener de las supuestas “curas” de la homosexualidad son problemas psicológicos en verdad graves.
Y con esto no estoy diciendo que seas homosexual ni mucho menos.
Lo que debes analizar con detenimiento es si lo que dices sobre querer ser un macho viril hetero, es porque realmente te atraen las mujeres o porque sientes que eso es lo que la sociedad te exige para aceptarte.
Si es lo primero, pues adelante, nada te impide probar y luego decidir cuál es realmente tu orientación sexual.
En el caso de ser lo segundo, te recomendaría que lo pienses bien.
Indudablemente los gays no la tienen fácil ni muchísimo menos en nuestra sociedad, pero si intentas negarte a ti mismo, estarás absolutamente solo, aunque la sociedad te ame. Y no lo hará, porque el único modo de insertarse en la sociedad es mostrando seguridad en uno mismo, y si tú no te aceptas, o intentas fingir lo que no eres, nunca lograrás el reconocimiento que mereces. Y tampoco serás feliz, porque no estarás viviendo tu vida sino una farsa. Y esto vale tanto para los gays como para los hetero y los bisexuales.
Tú debes ser tu mejor amigo y aceptarte como eres. La sexualidad es sólo una mínima parte de nuestra personalidad y lo que es verdaderamente importante es qué tan buenas personas somos.
Piensa detenidamente qué es lo que te atrae sexualmente, actúa en consecuencia y no dejes que ello te preocupe, porque eres mucho más que sexo. Quítale presión al tema.
Tú eres tú y la vida es tan hermosa como breve. Dedícate a disfrutarla, y si a alguien no le gusta, pues es su problema.
Mucha suerte.
Etiquetas:
homosexualidad,
Kinsey
Atracción homosexual: golpearse es malo, peor es no intentarlo.
Nos comenta José:
Hola Chicos, en primer lugar daros la enhorabuena por este pedazo de blog.
Quería contaros mi historia.
Siempre dudé de mi sexualidad, aunque eso no quitó que me sintiera atraído por ciertas mujeres. Eso sí, pocas veces una mujer ha entrado a mi mente en una de mis masturbaciones.
Tengo 17 años. Lo cierto, es que comienzo a pasarlo mal.
Cuando comenzó el curso académico anterior, coincidí con un chaval, al que simplemente conocía de vista. Desde muy pequeño me había resultado atractivo, pero nunca llegué a pensar lo que sucedería.
Tras el comienzo del curso, empezamos a coger mucha confianza, hasta el punto que casi todas las tardes pasaba por mi casa a hacerme una visita. El jugueteo en el colegio, ya era algo sospechoso, pero pensé que era tontería darle la mayor importancia. Para nada, estaba enamorado de él, simplemente me atraía.
Las tardes se prolongaban en casa entre cigarrillos, risas, miradas y algún que otro roce que levantaba los ánimos. De hecho, una vez, me propuso llegar a algo más ( en el colegio siempre nos rozábamos).
Sus miradas, eran penetrantes, no sólo conmigo, sino también con otros sujetos del mismo sexo. Lo cual a mi me hizo levantar sospechas acerca de su sexualidad.
Su exceso de cariño y confianza, me condujo a enamorarme de él. Hasta el punto de doler el alma si se va sin despedirse de mí. O si algún día ni si quiera me saluda, algo que intento normalizar haciendo comparaciones con otros compañeros. Pero para nada, sé que es alguien especial.
La cuestión es que ni siquiera sé que hacer, debido a que algunas veces me hace dudar. No me atrevo a decirle nada, no lo considero una persona lo suficiente madura y asentada como para comentarle nada, imagino que aunque fuera Homo o Bi, no me lo reconocería por orgullo e hipocresía.
El ha tenido novia en tres ocasiones desde que lo conozco, y en todas ellas, siempre se ha mostrado más cariñoso conmigo al terminar esa relación. De hecho, estas relaciones son muy cortas, y siempre las deja él.
Agradecería que dierais vuestra opinión. No quiero que esto se convierta en algo más de lo que es, pero tampoco quiero morir sin intentarlo, sería algo que me pesaría toda la vida.
Un saludo y gracias por adelantado.
Hola José.
Muchas gracias por tus conceptos. En verdad significa mucho para nosotros.
Yendo a lo tuyo, vamos a comenzar por la mitad de tu relato: Nos dices que algunas veces este chico te hace dudar, pero un poco antes nos cuentas que ya una vez te propuso llegar a algo más.
Eso, sumado a todo lo que nos cuentas, nos lleva a pensar que carece de sentido preguntarle, ya que todos nos indica que hetero seguramente no es. Y si lo es, su actitud te da importantes argumentos como para equivocarte.
Por otra parte, es interesante que pienses que te negaría su orientación sexual por hipocresía u orgullo. Eso no sería muy habitual en un gay a esa edad y en estas condiciones. Es probable que no estés equivocado, y que lo que te induce a pensar así es lo que tú mismo dices: no lo ves como una persona lo suficientemente madura y asentada. Yendo un poco más allá, y teniendo en cuenta sus actitudes, nosotros no descartaríamos que él mismo no esté seguro de su sexualidad, y que a eso se deban los mensajes contradictorios.
De ser efectivamente así, llegamos nuevamente a la conclusión de que no tiene sentido que le preguntes, al menos por ahora, y tampoco que hagas ninguna jugada, ya que te arriesgas a quedar en una posición incómoda.
Desde nuestra óptica, lo mejor sería esperar a que repita una de esas muestras de cariño hacia ti. Ese momento es el que deberías aprovechar para hacer tu jugada, que debería tener un grado de sutileza apenas un poco mayor que la de él, de modo de no dejarte demasiado expuesto. La idea es que gradualmente lo lleves a aumentar su apuesta.
Es como cuando tienes que ayudar con tu auto a que otro arranque: debes acercarte con cuidado e ir aumentando la velocidad gradualmente. Si lo haces violentamente, es muy probable que rompas algo.
Por lo que cuentas, periódicamente tiene este tipo de actitudes cariñosas hacia ti, por lo que todo hace suponer que tarde o temprano las repetirá. Ese es el momento que deberás aprovechar. Si juegas bien tus fichas y no aceleras demasiado, en el peor de los casos si él se echara para atrás por temor o por lo que fuera, no podrá reprocharte nada, ya que no fuiste mucho más allá de lo que él mismo fue.
Espero que te hayamos podido ser de utilidad y que todo salga bien.
Un abrazo y gracias por confiar en nosotros.
Hola Chicos, en primer lugar daros la enhorabuena por este pedazo de blog.
Quería contaros mi historia.
Siempre dudé de mi sexualidad, aunque eso no quitó que me sintiera atraído por ciertas mujeres. Eso sí, pocas veces una mujer ha entrado a mi mente en una de mis masturbaciones.
Tengo 17 años. Lo cierto, es que comienzo a pasarlo mal.
Cuando comenzó el curso académico anterior, coincidí con un chaval, al que simplemente conocía de vista. Desde muy pequeño me había resultado atractivo, pero nunca llegué a pensar lo que sucedería.
Tras el comienzo del curso, empezamos a coger mucha confianza, hasta el punto que casi todas las tardes pasaba por mi casa a hacerme una visita. El jugueteo en el colegio, ya era algo sospechoso, pero pensé que era tontería darle la mayor importancia. Para nada, estaba enamorado de él, simplemente me atraía.
Las tardes se prolongaban en casa entre cigarrillos, risas, miradas y algún que otro roce que levantaba los ánimos. De hecho, una vez, me propuso llegar a algo más ( en el colegio siempre nos rozábamos).
Sus miradas, eran penetrantes, no sólo conmigo, sino también con otros sujetos del mismo sexo. Lo cual a mi me hizo levantar sospechas acerca de su sexualidad.
Su exceso de cariño y confianza, me condujo a enamorarme de él. Hasta el punto de doler el alma si se va sin despedirse de mí. O si algún día ni si quiera me saluda, algo que intento normalizar haciendo comparaciones con otros compañeros. Pero para nada, sé que es alguien especial.
La cuestión es que ni siquiera sé que hacer, debido a que algunas veces me hace dudar. No me atrevo a decirle nada, no lo considero una persona lo suficiente madura y asentada como para comentarle nada, imagino que aunque fuera Homo o Bi, no me lo reconocería por orgullo e hipocresía.
El ha tenido novia en tres ocasiones desde que lo conozco, y en todas ellas, siempre se ha mostrado más cariñoso conmigo al terminar esa relación. De hecho, estas relaciones son muy cortas, y siempre las deja él.
Agradecería que dierais vuestra opinión. No quiero que esto se convierta en algo más de lo que es, pero tampoco quiero morir sin intentarlo, sería algo que me pesaría toda la vida.
Un saludo y gracias por adelantado.
Hola José.
Muchas gracias por tus conceptos. En verdad significa mucho para nosotros.
Yendo a lo tuyo, vamos a comenzar por la mitad de tu relato: Nos dices que algunas veces este chico te hace dudar, pero un poco antes nos cuentas que ya una vez te propuso llegar a algo más.
Eso, sumado a todo lo que nos cuentas, nos lleva a pensar que carece de sentido preguntarle, ya que todos nos indica que hetero seguramente no es. Y si lo es, su actitud te da importantes argumentos como para equivocarte.
Por otra parte, es interesante que pienses que te negaría su orientación sexual por hipocresía u orgullo. Eso no sería muy habitual en un gay a esa edad y en estas condiciones. Es probable que no estés equivocado, y que lo que te induce a pensar así es lo que tú mismo dices: no lo ves como una persona lo suficientemente madura y asentada. Yendo un poco más allá, y teniendo en cuenta sus actitudes, nosotros no descartaríamos que él mismo no esté seguro de su sexualidad, y que a eso se deban los mensajes contradictorios.
De ser efectivamente así, llegamos nuevamente a la conclusión de que no tiene sentido que le preguntes, al menos por ahora, y tampoco que hagas ninguna jugada, ya que te arriesgas a quedar en una posición incómoda.
Desde nuestra óptica, lo mejor sería esperar a que repita una de esas muestras de cariño hacia ti. Ese momento es el que deberías aprovechar para hacer tu jugada, que debería tener un grado de sutileza apenas un poco mayor que la de él, de modo de no dejarte demasiado expuesto. La idea es que gradualmente lo lleves a aumentar su apuesta.
Es como cuando tienes que ayudar con tu auto a que otro arranque: debes acercarte con cuidado e ir aumentando la velocidad gradualmente. Si lo haces violentamente, es muy probable que rompas algo.
Por lo que cuentas, periódicamente tiene este tipo de actitudes cariñosas hacia ti, por lo que todo hace suponer que tarde o temprano las repetirá. Ese es el momento que deberás aprovechar. Si juegas bien tus fichas y no aceleras demasiado, en el peor de los casos si él se echara para atrás por temor o por lo que fuera, no podrá reprocharte nada, ya que no fuiste mucho más allá de lo que él mismo fue.
Espero que te hayamos podido ser de utilidad y que todo salga bien.
Un abrazo y gracias por confiar en nosotros.
Mi novio es un encanto... Será bisexual?
Nos escribe Alicia:
Tengo relaciones sexuales con un hombre que me fascina tanto fisicamente como su carácter. Me parece guapísimo, educado, honesto, muy atento, pero no me dice lo que puede ofenderme.
A veces después de estar sexualmente conmigo, está mirando a otras mujeres y dice que no lo puede evitar, que es por las hormonas, pero mi duda es que a veces su forma de hablar es parecido a un homosexual, pero es algo de su voz, no de sus movimientos.
El es médico, me dijo que tenía amigos homosexuales casados(hombre con hombre) en Estados Unidos.
En el hospital en que trabaja una paciente me dijo que a él le gustaba ver a las mujeres desnudas. Mi duda es si él es bisexual y no me lo dice.
Gracias por darme una respuesta
Hola Alicia.
Seguramente ya has leído nuestro artículo sobre "El Informe Kinsey y su aplicación a la vida diaria". Si no lo has hecho, por favor hazlo antes de continuar, para poder comprender nuestra respuesta.
Nada de lo que cuentas parece indicar que tu novio sea bisexual. El hecho de tener amigos homosexuales, casados o no, no revela nada, de hecho yo fui, soy y seré amigo de Pampi, y ello no influye en mi sexualidad.
Por otra parte, existen millones de personas en el mundo que tienen una forma afectada de hablar y se encuentran sexualmente en el sector 1 o 2 (me refiero a nuestro artículo). La forma de hablar o el afeminamiento tampoco son indicadores válidos.
De todos modos, recuerda que son una minoría quienes se pueden considerar 100% heterosexuales, y es posible que tu novio tenga una mínima parte de bisexualidad, aunque nada de lo que dices permite inferirlo.
Con el tiempo lo conocerás a fondo y se te despejarán las dudas, y de no ser así, podrás ir averiguándolo más o menos sutilmente.
De todos modos, aunque fuera efectivamente bisexual, si se aman y no te es infiel, creo que no deberías hacerte problemas.
Eso sí: en cuanto a lo de las hormonas, dile que no se pase de listo, porque esa excusa es vieja como el tiempo: es muy normal que mire otras mujeres, pero al menos que lo haga con el suficiente disimulo como para que no te des cuenta. Si está solo es una cosa, pero contigo a su lado me parece que es bueno exigirle que ponga algo de cuidado.
No es que lo vaya a dejar de hacer, pero si esperan que su relación algún día evolucione, debes imponer tus límites para que sepa que eres inflexible al respecto.
Recuerda el 4º Punto de "Las 10 claves que harán fracasar nuestra relación": los problemas que dejas pasar en el noviazgo tarde o temprano estallan en el futuro: Lo que hoy es una simple mirada, mañana puede ser algo más grave.
Esperamos haber contribuido a aclararte el panorama.
Te enviamos un beso y te deseamos lo mejor.
Tengo relaciones sexuales con un hombre que me fascina tanto fisicamente como su carácter. Me parece guapísimo, educado, honesto, muy atento, pero no me dice lo que puede ofenderme.
A veces después de estar sexualmente conmigo, está mirando a otras mujeres y dice que no lo puede evitar, que es por las hormonas, pero mi duda es que a veces su forma de hablar es parecido a un homosexual, pero es algo de su voz, no de sus movimientos.
El es médico, me dijo que tenía amigos homosexuales casados(hombre con hombre) en Estados Unidos.
En el hospital en que trabaja una paciente me dijo que a él le gustaba ver a las mujeres desnudas. Mi duda es si él es bisexual y no me lo dice.
Gracias por darme una respuesta
Hola Alicia.
Seguramente ya has leído nuestro artículo sobre "El Informe Kinsey y su aplicación a la vida diaria". Si no lo has hecho, por favor hazlo antes de continuar, para poder comprender nuestra respuesta.
Nada de lo que cuentas parece indicar que tu novio sea bisexual. El hecho de tener amigos homosexuales, casados o no, no revela nada, de hecho yo fui, soy y seré amigo de Pampi, y ello no influye en mi sexualidad.
Por otra parte, existen millones de personas en el mundo que tienen una forma afectada de hablar y se encuentran sexualmente en el sector 1 o 2 (me refiero a nuestro artículo). La forma de hablar o el afeminamiento tampoco son indicadores válidos.
De todos modos, recuerda que son una minoría quienes se pueden considerar 100% heterosexuales, y es posible que tu novio tenga una mínima parte de bisexualidad, aunque nada de lo que dices permite inferirlo.
Con el tiempo lo conocerás a fondo y se te despejarán las dudas, y de no ser así, podrás ir averiguándolo más o menos sutilmente.
De todos modos, aunque fuera efectivamente bisexual, si se aman y no te es infiel, creo que no deberías hacerte problemas.
Eso sí: en cuanto a lo de las hormonas, dile que no se pase de listo, porque esa excusa es vieja como el tiempo: es muy normal que mire otras mujeres, pero al menos que lo haga con el suficiente disimulo como para que no te des cuenta. Si está solo es una cosa, pero contigo a su lado me parece que es bueno exigirle que ponga algo de cuidado.
No es que lo vaya a dejar de hacer, pero si esperan que su relación algún día evolucione, debes imponer tus límites para que sepa que eres inflexible al respecto.
Recuerda el 4º Punto de "Las 10 claves que harán fracasar nuestra relación": los problemas que dejas pasar en el noviazgo tarde o temprano estallan en el futuro: Lo que hoy es una simple mirada, mañana puede ser algo más grave.
Esperamos haber contribuido a aclararte el panorama.
Te enviamos un beso y te deseamos lo mejor.
Etiquetas:
bisexualidad,
Kinsey,
pareja
Test de sexualidad femenina: En qué sector te ubicas?
Desde el momento mismo en que creamos el Test de homosexualidad masculina, pensamos en publicar su correspondiente femenino.
Sin embargo, las características del lesbianismo hicieron mucho más complicado elaborar un test que en verdad sea de utilidad a una enorme cantidad de mujeres que se encuentran confundidas sobre su orientación sexual.
Así las cosas, nos ha llevado un buen tiempo y un sinnúmero de ensayos hasta lograr que el producto terminado en verdad nos conformara.
INSTRUCCIONES
La resolución es idéntica a su equivalente masculino: lo primero que deben hacer es tomar un papel, algo para escribir, anotar en una columna el número de cada afirmación y a su lado calificar de 0 a 10 cada una de ellas de acuerdo a qué tanto se identifica con la realidad que ustedes viven o vivieron.
Por ejemplo, en el punto 2, si fue efectivamente antes de los 12 años, merecerá un 10, si fue poco después de cumplir los 12 años, merecerá un 9, un 8 y descendiendo a medida que se aleje de esa edad. Son ustedes las que finalmente deciden, y esa es la clave del test.
Por ahora hagan eso, que después les contamos cómo seguir.
EL TEST
Sin embargo, las características del lesbianismo hicieron mucho más complicado elaborar un test que en verdad sea de utilidad a una enorme cantidad de mujeres que se encuentran confundidas sobre su orientación sexual.
Así las cosas, nos ha llevado un buen tiempo y un sinnúmero de ensayos hasta lograr que el producto terminado en verdad nos conformara.
INSTRUCCIONES
La resolución es idéntica a su equivalente masculino: lo primero que deben hacer es tomar un papel, algo para escribir, anotar en una columna el número de cada afirmación y a su lado calificar de 0 a 10 cada una de ellas de acuerdo a qué tanto se identifica con la realidad que ustedes viven o vivieron.
Por ejemplo, en el punto 2, si fue efectivamente antes de los 12 años, merecerá un 10, si fue poco después de cumplir los 12 años, merecerá un 9, un 8 y descendiendo a medida que se aleje de esa edad. Son ustedes las que finalmente deciden, y esa es la clave del test.
Por ahora hagan eso, que después les contamos cómo seguir.
EL TEST
1-De pequeña sentía que debía esforzarme para obtener la preferencia de mi madre.
2- Me desarrollé sexualmente antes de cumplir los 12 años.
3- Tuve amigas a las que consideraba "especiales" antes de cumplir los 12 años.
4- De pequeña besé en juegos a mis amigas.
5- En la escuela tenía compañeras que despertaban una atracción especial en mí.
5- En la escuela tenía compañeras que despertaban una atracción especial en mí.
6- Desde el punto de vista físico, me atraen más las mujeres que los hombres.
7- Los hombres heterosexuales me parecen incapaces de brindarme la ternura que necesito.
8- En mi primera adolescencia me gustaban los hombres, hasta que luego de tener relaciones con ellos me di cuenta de que no me daban lo que yo necesitaba.
9- Cuando salgo con hombres, no despiertan en mí la misma expectativa que una mujer.
10- Adoro y necesito ser penetrada.
11- De chica tendía a intervenir en juegos de varones.
12- Me gusta estar con otra mujer y poder darle o recibir protección.
13- Cuando tengo sueños eróticos es con mujeres.
14- Al momento de masturbarme, mi fantasía es con otras mujeres.
15- Cuando estoy frente a una mujer que me atrae me altero y me cuesta pensar con claridad.
16- Si de pronto me encuentro con una foto de una pareja atractiva mi atención se dirige a la mujer.
17- Siento que un hombre heterosexual nunca podría comprenderme mejor que otra mujer.
CALIFICACION DEL TEST
Bueno, a esta altura ya tienen la evaluación que nos indica qué tanto se identifican ustedes con cada afirmación, pero como ya pudieron observar, no todas las afirmaciones tienen el mismo grado de importancia, y eso es lo que vamos a resolver ahora.
Prepárense para hacer algunas cuentas:
A la calificación que le dieron a la afirmación 1, multiplíquenla por 6.
A la calificación de la 2, multiplíquenla por 10.
A la 3, por 6.
A la 4, por 6.
A la 5, por 10.
A la 5, por 10.
A la 6, por 5.
A la 7, por 7.
A la 8, por 9.
A la 9, por 7
A la 10, por -2 (sí: por menos 2, o sea que el resultado será negativo y restará puntos en lugar de sumar. Disculpen la dificultad extra, pero tiene un porqué.)
A la 11, por 5.
A la 12, por 8.
A la 13, por 10.
A la 14, por 7.
A la 15, por 9.
A la 16, por 8.
A la 17, por 5.
Ahora sumen todo y recuerden que el resultado de la afirmación 10 en realidad restará en lugar de sumar.
RESULTADOS
Para poder entender cabalmente el resultado final, les recomendamos leer el artículo que publicamos sobre la teoría de Alfred Kinsey sobre la sexualidad, y nuestra adaptación para aplicarla a la vida diaria. Lo encontrarán en la sección Sexualidad.
Ahora vamos a lo nuestro: si obtuvieron 300 puntos o menos, ustedes son decididamente heterosexuales, o en otras palabras, se encuentran en el Sector 1.
Si obtuvieron entre 301 y 550 puntos, se encuentran en el sector 2: tienen un componente lésbico, aunque no es predominante.
Si obtuvieron entre 551 y 800 puntos, se encuentran en el sector 3, con un componente lésbico predominante, aunque no excluyente.
Y si obtuvieron más de 801 puntos, se encuentran en el sector 4: son decididamente homosexuales.
Sea cual fuere el resultado, recuerden que esto es sólo una aproximación, no es algo determinante ni definitivo. Hasta es muy probable que si lo repiten otro día el resultado varíe, ya que el estado de ánimo influye en la evaluación que hacen de cada punto.
La idea de este test es simplemente brindarles un elemento más de autovaluación para ayudarlas a conocerse mejor. Si les ha sido de utilidad, nuestro esfuerzo ha valido la pena.
Y siempre recuerden que lo que realmente importa de una persona es su calidad humana, y no lo que le gusta hacer en la cama.
Creado por Pampi, Pedro y Equipo
Creado por Pampi, Pedro y Equipo
Etiquetas:
Kinsey,
lesbianismo
De la masturbación anal al sexo pasivo: De hetero a gay?
Hola, quisiera hacerles un pregunta en particular: soy heterosexual, tengo 20 años y hace mucho descubrí qué tan excitante es masturbarse analmente. Tuve muchas novias pero nunca nadie lo ha sabido hasta ahora.
No me atraen para nada los hombres, no me gusta su físico, su olor… en fin, nada.
Mis relaciones sexuales y fantasías siempre fueron con mujeres, tuve muchas novias y nunca nadie ha sabido que estimulo mi próstata a solas.
Ahora he visto en algunas historias viendo por Internet que dicen que también es excitante ser penetrado por un pene. Escuché la historia en otro joven declararse hetero, aunque buscaba hombres ocasionales para ser penetrado. Aseguraba que no le gustaban los hombres y comentó que sólo lo hacía por el extremo placer que le daba el pene a su próstata: decía que el movimiento de sacar y meter rítmicamente rozaba su próstata estimulando su punto G, excitandolo hasta llegar al orgasmo.
Ya me he imaginado y me están dando ganas de probar. Tengo la curiosidad de estimular mi próstata con un pene. Pienso que es más placentero cuando a uno se lo hacen. Deseo hacerlo para saber qué se siente, saber si el nivel de excitación es más intenso, para saber si es más o menos igual que cuando me lo hago yo solo.
Estoy pensando buscarme un travesti para que me lo haga, ya que no me gustan los hombres y con un travesti podría pasar por alto que estoy con un hombre. Sólo quiero utilizar su pene sin comprometerme a nada.
Qué me recomiendan? Puedo disfrutar del placer de esa manera también? Me hace gay?
No me considero gay, ni homo ni bisex. Sólo quiero disfrutar mi sexualidad.
Gracias. Ojalá me ayuden,.
Saludos.
Hola Maxi.
Para que puedas comprender cabalmente nuestra respuesta, te recomendamos antes de comenzar a leer que te des una vuelta por el artículo que hemos publicado hace algún tiempo sobre El Informe Kinsey y su aplicación a la vida diaria, ya que nos valdremos de él para responderte. Tómate tu tiempo que te esperamos.
Ya lo has leído? Continuemos entonces.
Como ya hemos dicho, el hecho de disfrutar del sexo anal no tiene nada que ver con la homosexualidad. Sin embargo, no podemos negar que el hecho de ser penetrado por un hombre (así sea el travesti más bonito de la tierra) es sin lugar a dudas una práctica homosexual.
Ahora bien, según tú mismo dices, eres heterosexual: te atraen las mujeres y no los hombres, por lo que podemos afirmar que aunque tengas sexo anal con un hombre, el hecho de practicarlo una vez no te convertirá en bisexual de la noche a la mañana.
Si el panorama que nos has dado de tu orientación sexual es correcto, te podemos decir lo que sucederá: a medida que el encuentro avance irás sintiendo cada vez más repugnancia: ver a la otra parte desnuda, en erección, sentir los olores, los sonidos… todo eso es muy fuerte y probablemente te resultará tan incómodo que seguramente no querrás repetir la experiencia.
Sin embargo, como has leído en nuestro artículo, es en realidad pequeño el porcentaje de personas que son totalmente homo o bisexuales. La mayoría de nosotros tenemos algún grado de homosexualidad.
También es muy probable que tú no seas tan 100% heterosexual como te consideras, y que ese pequeño porcentaje de homosexualidad esté aflorando y te lleve a experimentar. Volviendo a nuestro artículo, siempre habrías estado en el sector 1 y estarías pasando al 2, tal vez momentáneamente, tal vez no.
Otra posibilidad es que hasta ahora hayas tenido prácticas heterosexuales por presiones sociales y religiosas, y que si bien las adoptaste sin inconvenientes, muy en el fondo sientes que esas prácticas no te han dado lo que en verdad necesitas y te sientes impulsado a continuar la búsqueda. En otras palabras, y remitiéndonos una vez más a nuestro artículo, naturalmente te encontrarías en el sector 2, aunque hasta ahora viviste en el 1. Ahora estarías por fin retornando a tu sitio natural y tal vez algún día podrías llegar a pasar al 3.
Sea como sea, tienes todo el derecho a disfrutar tu sexualidad en plenitud, independientemente de los rótulos. Muchos hombres desearían tener tu valor y dar ese paso, pero no se animan por temor a que les agrade y convertirse en algo que ya son en forma latente.
Lo verdaderamente importante es qué tan buenas personas somos, no lo que nos gusta hacer en la cama. Nuestra orientación sexual no es un mérito y no nos convierte en más ni menos que quienes nos rodean.
Una última recomendación: extrema las medidas de seguridad. Lo que harás es una práctica de alto riesgo, por lo que no olvides llevar preservativos y un lubricante de buena calidad y ten cuidado en la elección de tu pareja.
Esperamos haber satisfecho tus expectativas con nuestra respuesta.
Te enviamos un abrazo y gracias por ayudar a que N.A.C.V. crezca.
No me atraen para nada los hombres, no me gusta su físico, su olor… en fin, nada.
Mis relaciones sexuales y fantasías siempre fueron con mujeres, tuve muchas novias y nunca nadie ha sabido que estimulo mi próstata a solas.
Ahora he visto en algunas historias viendo por Internet que dicen que también es excitante ser penetrado por un pene. Escuché la historia en otro joven declararse hetero, aunque buscaba hombres ocasionales para ser penetrado. Aseguraba que no le gustaban los hombres y comentó que sólo lo hacía por el extremo placer que le daba el pene a su próstata: decía que el movimiento de sacar y meter rítmicamente rozaba su próstata estimulando su punto G, excitandolo hasta llegar al orgasmo.
Ya me he imaginado y me están dando ganas de probar. Tengo la curiosidad de estimular mi próstata con un pene. Pienso que es más placentero cuando a uno se lo hacen. Deseo hacerlo para saber qué se siente, saber si el nivel de excitación es más intenso, para saber si es más o menos igual que cuando me lo hago yo solo.
Estoy pensando buscarme un travesti para que me lo haga, ya que no me gustan los hombres y con un travesti podría pasar por alto que estoy con un hombre. Sólo quiero utilizar su pene sin comprometerme a nada.
Qué me recomiendan? Puedo disfrutar del placer de esa manera también? Me hace gay?
No me considero gay, ni homo ni bisex. Sólo quiero disfrutar mi sexualidad.
Gracias. Ojalá me ayuden,.
Saludos.
Hola Maxi.
Para que puedas comprender cabalmente nuestra respuesta, te recomendamos antes de comenzar a leer que te des una vuelta por el artículo que hemos publicado hace algún tiempo sobre El Informe Kinsey y su aplicación a la vida diaria, ya que nos valdremos de él para responderte. Tómate tu tiempo que te esperamos.
Ya lo has leído? Continuemos entonces.
Como ya hemos dicho, el hecho de disfrutar del sexo anal no tiene nada que ver con la homosexualidad. Sin embargo, no podemos negar que el hecho de ser penetrado por un hombre (así sea el travesti más bonito de la tierra) es sin lugar a dudas una práctica homosexual.
Ahora bien, según tú mismo dices, eres heterosexual: te atraen las mujeres y no los hombres, por lo que podemos afirmar que aunque tengas sexo anal con un hombre, el hecho de practicarlo una vez no te convertirá en bisexual de la noche a la mañana.
Si el panorama que nos has dado de tu orientación sexual es correcto, te podemos decir lo que sucederá: a medida que el encuentro avance irás sintiendo cada vez más repugnancia: ver a la otra parte desnuda, en erección, sentir los olores, los sonidos… todo eso es muy fuerte y probablemente te resultará tan incómodo que seguramente no querrás repetir la experiencia.
Sin embargo, como has leído en nuestro artículo, es en realidad pequeño el porcentaje de personas que son totalmente homo o bisexuales. La mayoría de nosotros tenemos algún grado de homosexualidad.
También es muy probable que tú no seas tan 100% heterosexual como te consideras, y que ese pequeño porcentaje de homosexualidad esté aflorando y te lleve a experimentar. Volviendo a nuestro artículo, siempre habrías estado en el sector 1 y estarías pasando al 2, tal vez momentáneamente, tal vez no.
Otra posibilidad es que hasta ahora hayas tenido prácticas heterosexuales por presiones sociales y religiosas, y que si bien las adoptaste sin inconvenientes, muy en el fondo sientes que esas prácticas no te han dado lo que en verdad necesitas y te sientes impulsado a continuar la búsqueda. En otras palabras, y remitiéndonos una vez más a nuestro artículo, naturalmente te encontrarías en el sector 2, aunque hasta ahora viviste en el 1. Ahora estarías por fin retornando a tu sitio natural y tal vez algún día podrías llegar a pasar al 3.
Sea como sea, tienes todo el derecho a disfrutar tu sexualidad en plenitud, independientemente de los rótulos. Muchos hombres desearían tener tu valor y dar ese paso, pero no se animan por temor a que les agrade y convertirse en algo que ya son en forma latente.
Lo verdaderamente importante es qué tan buenas personas somos, no lo que nos gusta hacer en la cama. Nuestra orientación sexual no es un mérito y no nos convierte en más ni menos que quienes nos rodean.
Una última recomendación: extrema las medidas de seguridad. Lo que harás es una práctica de alto riesgo, por lo que no olvides llevar preservativos y un lubricante de buena calidad y ten cuidado en la elección de tu pareja.
Esperamos haber satisfecho tus expectativas con nuestra respuesta.
Te enviamos un abrazo y gracias por ayudar a que N.A.C.V. crezca.
Las 10 claves que harán fracasar nuestra relación.
Todos nosotros, quien más, quien menos, conocemos un buen número de parejas que creíamos bien constituidas pero que de buenas a primeras decidieron separarse, sin que en ello mediaran terceras personas.
Por qué hay parejas que perduran y otras que no?
Y por qué parejas que parecían ser enormemente felices se pronto se derrumban?
Podríamos ensayar una explicación diciendo que en la vida surgen situaciones imprevistas que desencadenan roces y enfrentamientos que terminan minando la salud de la relación, pero la pregunta sería entonces: nuestra vida en pareja depende de que tengamos la suerte suficiente como para que ningún imprevisto la termine por destruir?
Creemos que la respuesta es no, y la clave para evitar esto se encuentra en un momento de la vida que no tiene demasiada prensa, y a la cual no se le da la importancia que realmente tiene: el noviazgo.
El noviazgo es el tiempo que tenemos para decidir si la persona que tenemos junto a nosotros es la indicada para compartir el resto de nuestras vidas.
Casi nada, no?
Desde siempre escuchamos a nuestros padres hablar de la enorme importancia que tiene el elegir bien a nuestra pareja, y es obvio que esto es así, pero… qué significa elegir bien?
En esta nota no nos centraremos en lo que se debe hacer, ya que las variables son infinitas, sino en lo que decididamente NO debemos hacer, llamando la atención sobre algunos errores que se cometen con frecuencia y que en mucho o poco tiempo terminan por desbarrancar una relación, por bien que ésta haya comenzado.
Veamos:
1-Confiar en que la otra persona cambiará.
Muchas veces esa persona con la cual estamos y a la cual amamos tiene aspectos de su personalidad con los cuales no estamos de acuerdo y que en el fondo sabemos que no podremos tolerar, pero confiamos en que lograremos hacerla cambiar.
La verdad es que, salvo escasísimas excepciones, las personas no cambian.
Una persona puede trabajar sobre sus defectos y así tenerlos mejor controlados, pero lo cierto es que siempre estarán con él/ella. Puede renunciar a algo que le gusta, pero siempre le atraerá. Puede controlar sus reacciones, pero siempre tenderá a tenerlas. Es así. Es parte de su personalidad.
Está en nosotros conversar con nuestra pareja una y otra vez sobre lo que nos molesta y no estamos en condiciones de tolerar. Si luego de hablarlo una y otra vez llegamos a la conclusión de que por más que ella/él lo intente no lograremos corregir ese punto, lo mejor es no continuar.
Intentar construir una relación sobre algo que confiamos en que será distinto a lo que en realidad es, es la primera de las cosas que no debemos hacer.
2-Mostrarnos como no somos.
Suele suceder que es tan fuerte lo que sentimos por la otra persona, que nos sentimos dispuestos a sacrificar parte de nuestra personalidad para no incomodarla.
Es un terrible error, ya que tarde o temprano la fascinación inicial desaparece, nuestras fuerzas para ocultar esa parte de nuestra personalidad decaen y esos detalles de nuestra personalidad terminan saliendo a la luz, obligando a la otra parte a adaptarse a un aspecto de nuestra persona que no conocía.
Los resultados suelen ser nefastos.
3-Pasar por alto lo que no nos gusta
En nuestro intento por llevar adelante la relación, tendemos a dejar pasar muchos detalles que con los años terminarán por tornarse insoportables.
Son pequeños detalles que consideramos sin importancia, pero que con el tiempo comienzan a molestarnos al punto de alterar nuestro comportamiento, sin que nuestra pareja atine a comprender el porqué de ese cambio en nuestra personalidad.
Es imprescindible conversar sobre esos detalles, porque lo que para nosotros es una tontería fácil de superar, tal vez para quien está junto a nosotros no sea tan simple, o no esté dispuesto a hacerlo.
4-Acelerar el tiempo del noviazgo (saltear materias).
Si el matrimonio o la vida en convivencia equivalen a ejercer una profesión, el noviazgo es su universidad. Y como en toda universidad, se deben cursar distintas materias.
Los problemas a presentarse en la vida son infinitos, pero si los analizamos en detalle, veremos que se pueden reducir a unas pocas tipologías. Los mismos problemas que la pareja afronta en el noviazgo se repetirán a lo largo de la vida, enormemente incrementados es cierto, pero la reacción de cada uno responderá a los mismos parámetros: la capacidad de soportar la falta de dinero para salir un Sábado tendrá su equivalencia más tarde en los problemas económicos que deberemos soportar de adultos; la reacción de las partes ante la enfermedad o muerte de una mascota tendrá su equivalencia una situación similar de un hijo o de otro ser querido en el futuro.
En realidad la tipología de los problemas a enfrentar se puede contar con los dedos de la mano: infidelidad, problemas económicos, legales, actitud ante la familia, reacción ante la enfermedad o fallecimiento, capacidad de consolar a la otra parte y unos pocos más.
Cada una de estas tipologías se presentará durante el noviazgo si le damos el tiempo suficiente y equivale a las distintas materias que deberemos aprobar en esa universidad. Si la pareja los supera con éxito, la convivencia queda prácticamente asegurada.
Es por ello que un noviazgo corto equivale a dejar la relación en manos de la suerte: puede salir bien o mal. Es lógico arriesgar así nuestra felicidad?
5-Centrarnos en el sexo
Ya hemos mencionado con anterioridad en otros artículos que una de las grandes mentiras de la sociedad en que vivimos es el sobredimensionamiento que se hace acerca de la importancia del sexo en la vida de las personas.
No diremos que no es importante el sexo en la pareja. Pero tampoco nos iremos al extremo de decir que si el sexo es malo, la pareja está destinada al fracaso.
Es más, uno de los grandes culpables de más de un de fracaso matrimonial (o de la vida en convivencia, para ser más abarcativo) es, precisamente, el tener un sexo absolutamente fantástico.
No, no estoy delirando. Permítanme continuar.
Muchas veces el hecho de que las relaciones sexuales resulten increíblemente buenas nos impide poder evaluar el resto con claridad, y se corre el riesgo de que cualquier problema que se genere pase a solucionarse en la cama, cocina, auto, ascensor o donde se les ocurra a ustedes.
Desgraciadamente, tarde o temprano, ese gran sexo desaparece, porque la pasión no es eterna. Los problemas entonces comienzan a ser un enorme lastre para la relación, ya que la pareja no ha desarrollado la capacidad de buscar una solución en conjunto. Y para entonces ya no se tiene la capacidad, fuerza ni deseos de solucionarlos.
Para concluir, un buen sexo puede llevar a distraer la atención de la pareja, impidiéndole así construir un vínculo sentimental lo suficientemente fuerte como para afrontar el futuro.
Por difícil que nos parezca, no debemos dejar que el sexo nos ciegue.
6-Dominar o dejarnos dominar.
Muchas veces para evitar buscar problemas en una relación que recién comienza, una de las partes opta por aceptar una y otra vez algunas actitudes injustas de parte de su pareja.
A veces no resulta conveniente enfrentarnos en un determinado momento, pero debemos esperar la oportunidad y hacerle saber a la otra parte nuestra disconformidad con su reacción.
No hacerlo, llevará muy probablemente a una actitud cada vez más dominante de la otra parte, y sólo Dios sabe cuál será el límite.
Siempre debemos tener presente que es muy habitual que se termine despreciando lo que se domina. Y el desprecio sólo genera resentimiento y violencia.
7-Permitir que terceras personas se entrometan.
Si bien cuando no logramos ver las cosas con claridad puede ayudarnos la opinión de alguien “de afuera”, debemos tener muy en cuenta que esa persona, por muy bien intencionada que sea, nos dará su opinión en base a una sola campana, la nuestra, y que además, puede equivocarse.
Por otra parte, es fundamental que recordemos que todo lo que digamos no podrá ser borrado. Si hablamos de más, las cosas ya nunca volverán a ser como eran.
El riesgo es grande, debemos evaluar muy bien la situación y si solicitamos una opinión a alguien, esa persona debe tener muy claro que sólo le solicitamos su visión del problema y nada más. No obtiene el derecho a entrometerse en nuestra relación ni actuar de ninguna manera, por adecuado y correcto que le parezca.
Debemos tener mucho cuidado en elegir esa persona y pensar muy bien en lo que le permitiremos saber acerca de nuestra relación.
Como adivinarán, nuestra posición es que a menos que estemos muy desesperados es mejor mantener a los demás al margen.
8- Celar a nuestra pareja
Es enorme la cantidad de parejas en las cuales una de las partes convierte su propia vida en un infierno celando a la otra.
Algo debemos tener en claro: vida en pareja no equivale a vida entre rejas.
Es imposible obligar a una persona a ser fiel si no lo desea. La única forma de lograrlo es que no desee sernos infiel, y eso está en nosotros, no en la otra parte. Cuando el amor es auténtico, nadie, por bonito, elegante, adinerado o bien dotado que esté nos podrá arrebatar a nuestra pareja. Si no hay amor, cualquiera lo hará, pero en realidad no será culpa de la otra parte, sino exclusivamente nuestra, porque montamos nuestras ilusiones sobre un castillo de naipes.
Celar a la otra parte no hace más que evidenciar que somos inseguros, que tenemos un pobre concepto de nosotros mismos y además una escasa confianza en nuestra pareja.
Nada de eso suena muy bonito, no?
9-Guardar secretos del pasado.
Es imposible montar una relación sólida manteniendo secretos de nuestro pasado. Tarde o temprano esos secretos pueden revelarse y las consecuencias serán terribles.
Por graves que sean esos secretos, es fundamental blanquearlos durante el noviazgo. La otra persona tiene derecho a saber con quién pasará el resto de su vida, y si realmente nos ama, sin dudas permanecerá con nosotros.
10-Ignorar los problemas.
Hay una sola manera de resolver los problemas y hacer crecer a la pareja: comunicándose.
Cuando veamos que la otra parte tiene en su cabeza algo que la perturba, no debemos actuar como si nada sucediera, debemos enfrentar la situación e intentar develar las causas.
Es cierto que a veces no tenemos el valor de hacerlo porque tememos que pueda ser terrible para nosotros, pero ignorarlo sólo dilatará y agravará el problema.
Hablando nos conoceremos mejor y esa comunicación hará que día a día cada uno sienta que no está solo sino que nuestra persona se prolonga y enriquece con quien está a nuestro lado.
Sabemos que seguir estos puntos puede llegar a “arruinar” más de una noche que prometía ser divertida, pero a la larga créanme que les garantizará muchas noches con la persona que realmente aman y a la cual conocen a fondo, al punto de poder compartir su vida con ella y ser felices.
Y eso no es poca cosa, no?
Publicado por Pedro
Por qué hay parejas que perduran y otras que no?
Y por qué parejas que parecían ser enormemente felices se pronto se derrumban?
Podríamos ensayar una explicación diciendo que en la vida surgen situaciones imprevistas que desencadenan roces y enfrentamientos que terminan minando la salud de la relación, pero la pregunta sería entonces: nuestra vida en pareja depende de que tengamos la suerte suficiente como para que ningún imprevisto la termine por destruir?
Creemos que la respuesta es no, y la clave para evitar esto se encuentra en un momento de la vida que no tiene demasiada prensa, y a la cual no se le da la importancia que realmente tiene: el noviazgo.
El noviazgo es el tiempo que tenemos para decidir si la persona que tenemos junto a nosotros es la indicada para compartir el resto de nuestras vidas.
Casi nada, no?
Desde siempre escuchamos a nuestros padres hablar de la enorme importancia que tiene el elegir bien a nuestra pareja, y es obvio que esto es así, pero… qué significa elegir bien?
En esta nota no nos centraremos en lo que se debe hacer, ya que las variables son infinitas, sino en lo que decididamente NO debemos hacer, llamando la atención sobre algunos errores que se cometen con frecuencia y que en mucho o poco tiempo terminan por desbarrancar una relación, por bien que ésta haya comenzado.
Veamos:
1-Confiar en que la otra persona cambiará.
Muchas veces esa persona con la cual estamos y a la cual amamos tiene aspectos de su personalidad con los cuales no estamos de acuerdo y que en el fondo sabemos que no podremos tolerar, pero confiamos en que lograremos hacerla cambiar.
La verdad es que, salvo escasísimas excepciones, las personas no cambian.
Una persona puede trabajar sobre sus defectos y así tenerlos mejor controlados, pero lo cierto es que siempre estarán con él/ella. Puede renunciar a algo que le gusta, pero siempre le atraerá. Puede controlar sus reacciones, pero siempre tenderá a tenerlas. Es así. Es parte de su personalidad.
Está en nosotros conversar con nuestra pareja una y otra vez sobre lo que nos molesta y no estamos en condiciones de tolerar. Si luego de hablarlo una y otra vez llegamos a la conclusión de que por más que ella/él lo intente no lograremos corregir ese punto, lo mejor es no continuar.
Intentar construir una relación sobre algo que confiamos en que será distinto a lo que en realidad es, es la primera de las cosas que no debemos hacer.
2-Mostrarnos como no somos.
Suele suceder que es tan fuerte lo que sentimos por la otra persona, que nos sentimos dispuestos a sacrificar parte de nuestra personalidad para no incomodarla.
Es un terrible error, ya que tarde o temprano la fascinación inicial desaparece, nuestras fuerzas para ocultar esa parte de nuestra personalidad decaen y esos detalles de nuestra personalidad terminan saliendo a la luz, obligando a la otra parte a adaptarse a un aspecto de nuestra persona que no conocía.
Los resultados suelen ser nefastos.
3-Pasar por alto lo que no nos gusta
En nuestro intento por llevar adelante la relación, tendemos a dejar pasar muchos detalles que con los años terminarán por tornarse insoportables.
Son pequeños detalles que consideramos sin importancia, pero que con el tiempo comienzan a molestarnos al punto de alterar nuestro comportamiento, sin que nuestra pareja atine a comprender el porqué de ese cambio en nuestra personalidad.
Es imprescindible conversar sobre esos detalles, porque lo que para nosotros es una tontería fácil de superar, tal vez para quien está junto a nosotros no sea tan simple, o no esté dispuesto a hacerlo.
4-Acelerar el tiempo del noviazgo (saltear materias).
Si el matrimonio o la vida en convivencia equivalen a ejercer una profesión, el noviazgo es su universidad. Y como en toda universidad, se deben cursar distintas materias.
Los problemas a presentarse en la vida son infinitos, pero si los analizamos en detalle, veremos que se pueden reducir a unas pocas tipologías. Los mismos problemas que la pareja afronta en el noviazgo se repetirán a lo largo de la vida, enormemente incrementados es cierto, pero la reacción de cada uno responderá a los mismos parámetros: la capacidad de soportar la falta de dinero para salir un Sábado tendrá su equivalencia más tarde en los problemas económicos que deberemos soportar de adultos; la reacción de las partes ante la enfermedad o muerte de una mascota tendrá su equivalencia una situación similar de un hijo o de otro ser querido en el futuro.
En realidad la tipología de los problemas a enfrentar se puede contar con los dedos de la mano: infidelidad, problemas económicos, legales, actitud ante la familia, reacción ante la enfermedad o fallecimiento, capacidad de consolar a la otra parte y unos pocos más.
Cada una de estas tipologías se presentará durante el noviazgo si le damos el tiempo suficiente y equivale a las distintas materias que deberemos aprobar en esa universidad. Si la pareja los supera con éxito, la convivencia queda prácticamente asegurada.
Es por ello que un noviazgo corto equivale a dejar la relación en manos de la suerte: puede salir bien o mal. Es lógico arriesgar así nuestra felicidad?
5-Centrarnos en el sexo
Ya hemos mencionado con anterioridad en otros artículos que una de las grandes mentiras de la sociedad en que vivimos es el sobredimensionamiento que se hace acerca de la importancia del sexo en la vida de las personas.
No diremos que no es importante el sexo en la pareja. Pero tampoco nos iremos al extremo de decir que si el sexo es malo, la pareja está destinada al fracaso.
Es más, uno de los grandes culpables de más de un de fracaso matrimonial (o de la vida en convivencia, para ser más abarcativo) es, precisamente, el tener un sexo absolutamente fantástico.
No, no estoy delirando. Permítanme continuar.
Muchas veces el hecho de que las relaciones sexuales resulten increíblemente buenas nos impide poder evaluar el resto con claridad, y se corre el riesgo de que cualquier problema que se genere pase a solucionarse en la cama, cocina, auto, ascensor o donde se les ocurra a ustedes.
Desgraciadamente, tarde o temprano, ese gran sexo desaparece, porque la pasión no es eterna. Los problemas entonces comienzan a ser un enorme lastre para la relación, ya que la pareja no ha desarrollado la capacidad de buscar una solución en conjunto. Y para entonces ya no se tiene la capacidad, fuerza ni deseos de solucionarlos.
Para concluir, un buen sexo puede llevar a distraer la atención de la pareja, impidiéndole así construir un vínculo sentimental lo suficientemente fuerte como para afrontar el futuro.
Por difícil que nos parezca, no debemos dejar que el sexo nos ciegue.
6-Dominar o dejarnos dominar.
Muchas veces para evitar buscar problemas en una relación que recién comienza, una de las partes opta por aceptar una y otra vez algunas actitudes injustas de parte de su pareja.
A veces no resulta conveniente enfrentarnos en un determinado momento, pero debemos esperar la oportunidad y hacerle saber a la otra parte nuestra disconformidad con su reacción.
No hacerlo, llevará muy probablemente a una actitud cada vez más dominante de la otra parte, y sólo Dios sabe cuál será el límite.
Siempre debemos tener presente que es muy habitual que se termine despreciando lo que se domina. Y el desprecio sólo genera resentimiento y violencia.
7-Permitir que terceras personas se entrometan.
Si bien cuando no logramos ver las cosas con claridad puede ayudarnos la opinión de alguien “de afuera”, debemos tener muy en cuenta que esa persona, por muy bien intencionada que sea, nos dará su opinión en base a una sola campana, la nuestra, y que además, puede equivocarse.
Por otra parte, es fundamental que recordemos que todo lo que digamos no podrá ser borrado. Si hablamos de más, las cosas ya nunca volverán a ser como eran.
El riesgo es grande, debemos evaluar muy bien la situación y si solicitamos una opinión a alguien, esa persona debe tener muy claro que sólo le solicitamos su visión del problema y nada más. No obtiene el derecho a entrometerse en nuestra relación ni actuar de ninguna manera, por adecuado y correcto que le parezca.
Debemos tener mucho cuidado en elegir esa persona y pensar muy bien en lo que le permitiremos saber acerca de nuestra relación.
Como adivinarán, nuestra posición es que a menos que estemos muy desesperados es mejor mantener a los demás al margen.
8- Celar a nuestra pareja
Es enorme la cantidad de parejas en las cuales una de las partes convierte su propia vida en un infierno celando a la otra.
Algo debemos tener en claro: vida en pareja no equivale a vida entre rejas.
Es imposible obligar a una persona a ser fiel si no lo desea. La única forma de lograrlo es que no desee sernos infiel, y eso está en nosotros, no en la otra parte. Cuando el amor es auténtico, nadie, por bonito, elegante, adinerado o bien dotado que esté nos podrá arrebatar a nuestra pareja. Si no hay amor, cualquiera lo hará, pero en realidad no será culpa de la otra parte, sino exclusivamente nuestra, porque montamos nuestras ilusiones sobre un castillo de naipes.
Celar a la otra parte no hace más que evidenciar que somos inseguros, que tenemos un pobre concepto de nosotros mismos y además una escasa confianza en nuestra pareja.
Nada de eso suena muy bonito, no?
9-Guardar secretos del pasado.
Es imposible montar una relación sólida manteniendo secretos de nuestro pasado. Tarde o temprano esos secretos pueden revelarse y las consecuencias serán terribles.
Por graves que sean esos secretos, es fundamental blanquearlos durante el noviazgo. La otra persona tiene derecho a saber con quién pasará el resto de su vida, y si realmente nos ama, sin dudas permanecerá con nosotros.
10-Ignorar los problemas.
Hay una sola manera de resolver los problemas y hacer crecer a la pareja: comunicándose.
Cuando veamos que la otra parte tiene en su cabeza algo que la perturba, no debemos actuar como si nada sucediera, debemos enfrentar la situación e intentar develar las causas.
Es cierto que a veces no tenemos el valor de hacerlo porque tememos que pueda ser terrible para nosotros, pero ignorarlo sólo dilatará y agravará el problema.
Hablando nos conoceremos mejor y esa comunicación hará que día a día cada uno sienta que no está solo sino que nuestra persona se prolonga y enriquece con quien está a nuestro lado.
Sabemos que seguir estos puntos puede llegar a “arruinar” más de una noche que prometía ser divertida, pero a la larga créanme que les garantizará muchas noches con la persona que realmente aman y a la cual conocen a fondo, al punto de poder compartir su vida con ella y ser felices.
Y eso no es poca cosa, no?
Publicado por Pedro
Etiquetas:
noviazgo,
relaciones
Suscribirse a:
Entradas (Atom)