Hay situaciones que apenas en un instante alteran la placidez en que se venía desarrollando nuestra vida. Un ejemplo de ello es cuando de buenas a primeras algún o alguna ex reaparece despertándonos cuando menos una serie de interrogantes.
No nos referimos a relaciones a las que hace unos pocos meses que no vemos, sino a aquellas de las cuales ya han pasado un par de años o más. Esas que ya habíamos guardado en el arcón de los recuerdos y a las cuales evocábamos poco o nada, pues para este momento ya hemos continuado con nuestra vida y la otra parte también… O al menos eso suponíamos.
Si la ruptura provino de nuestra parte y nuestro presente se encuentra más o menos encaminado la inesperada aparición no trae mayores consecuencias: no hacemos caso y continuamos nuestra feliz rutina, pero si por esos avatares del destino nos encuentra en un momento de crisis, o si es la otra parte la que había roto la relación de un modo un tanto traumático para nosotros, muy probablemente estemos a punto de meternos en un problema.
¿Qué es lo que impulsa a una persona, hombre o mujer, a buscar a su ex pareja?
Hay personas a las que por naturaleza les es difícil asimilar los cambios que la vida propone, no sólo los complicados, sino también los beneficiosos. A esta gente le cuesta horrores adaptarse y siempre vive mirando de reojo los tiempos idos.
Cuando, como a todos nos sucede, a estas personas les toca pasar por momentos no necesariamente difíciles, pero sí de desazón, desconcierto o simplemente tedio, su naturaleza los lleva a refugiarse en la seguridad de un pasado que ni siquiera es real, pues ha sido constantemente distorsionado por sus mentes, eliminando los momentos malos y sobredimensionando los buenos, de modo que termina convirtiéndose en un tiempo tan perfecto como ilusorio.
¿Y quién forma parte de ese pasado?
Adivinaron: nosotros.
Así, en la intención de retornar a los “buenos-viejos-tiempos” nuestro o nuestra ex dedica sus horas a rastrearnos vía facebook, tweeter o simplemente mediante la vieja y servicial guía telefónica hasta que finalmente logra contactarnos y tras la sorpresa inicial sumirnos en un mar de preguntas.
¿Por qué habrá vuelto? ¿ Se habrá dado cuenta de que somos geniales amantes? ¿Será que siempre nos quiso pero recién ahora se dio cuenta? ¿Será que nadie le pudo dar el amor que nosotros le dimos?
Y así continuamos con nuestra mente ocupada en rastrear argumentos más cercanos a letras de boleros que a ideas medianamente coherentes.
Pero la cruel realidad en el 99% de los casos no es ni por asomo tan romántica y el motor que impulsa a nuestra ex-pareja está mucho más cerca de la mente que del corazón.
La realidad (sacando alguna honrosa excepción, reitero), es que lo que la otra parte busca no es a nosotros sino a lo que nosotros representamos como parte de aquel pasado al que intenta aferrarse.
En verdad no es fácil ni agradable cortar de plano la situación, especialmente cuando esa relación ha dejado alguna herida en nosotros que ahora comienza a aflorar nuevamente, pero si nos dejamos llevar y permitimos que todo recomience, cometemos un grave error.
La mente de las personas es algo complejo y lleva a actuar en formas curiosas.
Así, si decidimos darle una segunda oportunidad a la relación y creer en lo que nuestra ahora flamante pareja nos dice, (con absoluta sinceridad, pues todo pasa por su plano subconsciente) no estaremos sino construyendo sobre un pantano .
¿Por qué? Pues porque tan pronto comencemos a formar parte del presente de nuestra pareja, dejaremos de representar en su mente ese pasado añorado, lo cual implica que todo el interés y expectativas que había puesto sobre nosotros desaparecerán.
Obviamente, el pasado no se puede revivir, y las cosas nunca volverán a ser como antes, pero las personas con esta tendencia pasan sus propias vidas prisioneros de lo que es el concepto de nostalgia llevado a su máxima expresión: en el 2006 añoraban el 2001, en el 2011 buscan revivir el 2006 y en el 2015 buscarán revivir el 2011.
Su vida consiste en añorar en el presente lo que no supieron apreciar en el pasado, y esa obsesión es la que les impide disfrutar el presente. Lo que no podemos es permitir que nos atrapen en esa telaraña.
Todos sentimos algo de nostalgia en algún momento, el problema es cuando esa nostalgia amenaza con convertirse en la columna vertebral de nuestra vida. Y eso sucede.
Vaya si sucede.
Publicado por Pedro
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4 comentarios:
Como nostálgico enfermizo e incurable, doy fe.
Hola Mced. No eres el único. Me gustaría poder aplicar en mí mismo aunque más no fuera el 10% del convencimiento que reflejo en el último párrafo.
Haz lo que yo digo...
Hola hace ya como mas de una semana k vengo leyendop sus temas y de verdad felicitarlos,bueno el consejo k pido es k,yo tube una relacion de 3 anos con mi ex y siempre la llamo y me prugunto como esta no he podido olvidarla siempre kiero saber si esta bien mal o le pasa algo o si le puedo ayudar ,yo ya tengo otra relacion y pense k todo esto terminaria cuando empese con mi pareja pero aun sigo llamandola para pregunar como esta y k es de ella no se pork pero siempre kiero saber como esta, k me aconsejaria muchas gracias desde ya por el consejo y felicitarlos una vez mas por el bloc
Hola Anónimo. Tal como lo planteas es imposible decirlo, porque en sí llamarla no tiene nada de malo, el problema es qué pasa por tu interior que te impulsa a hacerlo.
En principio parecería que no has terminado de aceptar la ruptura y tiendes a continuar la relación, sin que ella tampoco le ponga freno a eso.
La clave aquí es qué sientes tú, tendrás que detenerte a pensar en eso para saber exactamente qué es lo que sucede.
Un abrazo y gracias por los elogios :)
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